Opinión

PEDRO CAVIEDES: El poder y el ejemplo

 
 

Partidarios de Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, manifiestan su apoyo a Assange frente a la embajada de Ecuador en Londres. El gobierno ecuatoriano le concedió el asilo al periodista australiano.
Partidarios de Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, manifiestan su apoyo a Assange frente a la embajada de Ecuador en Londres. El gobierno ecuatoriano le concedió el asilo al periodista australiano.
Oli Scarff / Getty Images

Quiero empezar esta columna dejando algo claro: No estoy de acuerdo con el presidente de Ecuador, Rafael Correa. No comparto sus políticas, ni su estilo, ni sus amigos del socialismo del siglo XXI, ni la represión que le ha infligido a la prensa de su país, entre otras prácticas dictatoriales. Quiero también decir claramente que en mi concepto, Julian Assange debe ser juzgado por el crimen que se le acusa en Suecia, y, de ser encontrado culpable de violación, pagar la pena que le corresponde.

Dicho esto, quiero revisar un poco el otro caso: Wikileaks. Todo comenzó cuando Bradley Manning, soldado de la inteligencia de Estados Unidos, filtró a esa plataforma dos videos en los que se observa claramente cómo, desde un helicóptero Apache, soldados del ejército de este país disparan a quemarropa a grupos de personas desarmadas, que en ningún momento representaron una amenaza para ellos. En un video la ráfaga cobra la vida del periodista de Reuters Namir Noor-Eldeen, su ayudante, y otras nueve personas. En el segundo, los disparos se concentran en una camioneta minivan que, sin prueba alguna, afirman va repleta de terroristas, cuando los ocupantes eran una familia, con niños incluidos. Todos murieron.

Todos murieron.

Bradley Manning no dio a conocer un error. Dio a conocer un crimen a sangre fría, en el que hubo menores de edad involucrados. Él, como miembro del ejército, rompió un código que es castigado con cárcel por la autoridad militar. Pero el resultado de esto ha sido entonces que quien denunció el delito es hasta ahora el único condenado a muchos años de prisión, mientras que los autores están libres.

Llama la atención además que la justicia de este país, en aras de capturar criminales, negocia rebajas de penas con otros criminales, mientras en este caso castiga implacablemente a una persona que la única falta que cometió fue divulgar un crimen.

Después del soldado Manning, Wikileaks filtró documentos del Pentágono sobre las guerras en Irak y Afganistán, y cables diplomáticos del Departamento de Estado. Un asunto que llama la atención es que entre los documentos filtrados del Pentágono, la presencia del grupo terrorista Al Qaida, una de las supuestas razones que esgrimió el gobierno de Bush hijo para iniciar la guerra en Irak, no se menciona sino varios años después de la invasión. También queda claro en los documentos que el ejército sabía de las torturas, las violaciones y los abusos que llevaban a cabo algunos de sus miembros, y dejaron sin investigar cientos de casos. Así como los asesinatos constantes y los abusos de miembros de la policía de Irak, que también quedaron impunes. Lo que todo el tiempo fue un rumor, quedó plenamente destapado con estas filtraciones. ¿No es ese el oficio de la prensa libre?

Los cables fueron ofrecidos por Wikileaks a The New York Times, El País, Le Monde, The Guardian, Der Spiegel y Al Jazeera, varios de los diarios más prestigiosos y leídos del planeta. Estos los publicaron y divulgaron de una forma responsable, no revelando nombres que podían poner en riesgo a operarios secretos e informantes. Y todo fue permitido por los estados donde estos periódicos operan, anteponiendo la libertad de prensa a sus propios intereses. Por eso me cuesta entender el pedido de Assange en extradición, por parte de la justicia de EEUU.

Yo me pregunto: ¿no se le está ofreciendo la excusa a que si un periodista publicara la información en la que se mostraran pruebas de asesinatos, torturas y abusos que algunos miembros de los ejércitos de otros países cometieran contra civiles, estos se sientan con derecho a reclamarlo en extradición? ¿Lo extraditaría el Departamento de Estado si el periodista se encontrara en Nueva York, o más bien le daría asilo? ¿No estarían Estados Unidos y la Unión Europea, ante esas pruebas, pidiendo que se condene el accionar de los miembros de esos ejércitos en la ONU?

Siendo la justicia de este país una justicia basada en los precedentes, ¿no les preocupa el precedente que están sentando al perseguir y encarcelar a personas que denunciaron atropellos? ¿Cómo es que los periódicos responsables que se nutrieron con su información, al parecer se han lavado las manos?

Así como es una paradoja que sea precisamente un presidente represivo quien le haya concedido el asilo a Assange, también puede serlo entonces desde ahora ver a cualquier líder de Estados Unidos exigiendo la libertad de expresión en China o aplaudiendo los logros de las masas twitteras de Irán, mientras piden en extradición a Assange, y dejan en la impunidad la tragedia del pueblo de Irak.

Recuerdo las palabras del ex presidente Clinton en la convención demócrata pasada: “El mundo siempre ha estado más impresionado del poder de nuestro ejemplo que del ejemplo de nuestro poder”.

Es hora de volver a darlo.

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El Nuevo Herald

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