PUNTO FIJO, Venezuela -- Eran las siete de la noche del viernes, el olor a gas ya comenzaba a saturar el aire, pero los pobladores del sector La Pastora frente a la refinería venezolana de Amuay, una de las mayores del mundo, no prestaron mayor atención.
Acostumbrado a vivir en un ambiente altamente contaminado con los residuos de los hidrocarburos, Francisco González y los otros pobladores del sector siguieron con su rutina diaria, pese a percibir las fuertes concentraciones de gas.
Pocas horas después se desató una infernal explosión e incendio que causó la muerte de al menos 39 personas e hirió a más de 80.
Desde las 7 u 8 de la noche empezó a sentirse un olor a gas, a azufre y petróleo muy fuerte; quizás más de lo normal, dijo el domingo González, quien junto a un hermano intentaba recuperar algunas de sus pertenencias y comenzaban a limpiar los destrozos causados por la explosión en esta barriada obrera, ubicada a menos de 100 metros de los depósitos de gas que estallaron.
No nos alarmamos porque ya es costumbre, sobre todo cuando hay poca brisa, cuando hay clima de lluvia, que los gases por aquí se concentran, se sienten un poco más; así que nos fuimos a dormir cerca de la medianoche sin pararle mucho (sin prestar mucha atención), acotó.
Después de eso no recuerdo mayor cosa, me bloqueé un poco, sólo recuerdo que salté de la cama por el estruendo de la explosión. Lo primero que vi fue que el apartamento estaba sin ventanas ni puertas, sin paredes, sólo piso y techo. Nos salvamos no sé cómo, relató.
Las autoridades venezolanas dicen que la explosión se produjo después de la 1:00 de la madrugada del sábado en el Centro de Refinación de Paraguaná (CRP), el cual forma parte de la refinería de Amuay, cuando una fuga de gas creó una nube que estalló y desencadenó un incendio, que siguió el domingo con grandes bolsas de fuego que como un hongo se elevaban a los cielos.
Stella Lugo, gobernadora del estado Falcón, en declaraciones a la televisión estatal, inicialmente informó de 7 personas muertas y 48 heridas. Durante las siguientes horas, la cifra aumentó en forma sostenida.
Cuando llegó a la refinería en la madrugada, Lugo publicó una foto en Twitter que mostraba bolas de fuego y humo negro.
Cuando vi el gran incendio en la refinería, el primer acto fue salir corriendo. Varios vecinos salimos a la vez. Los vecinos estaban también heridos, yo sufrí unas heridas en la mano y en el brazo, gracias a Dios sólo fue necesario algo de sutura, comentó González, un hombre robusto como de 100 kilos, cuya mano derecha estaba vendada y cuyos brazos tenían varios puntos de sutura.
Salimos, tratando de alejarnos lo más posible de la refinería, dijo. Llegamos al hospital de Pueblo Nuevo, allí nos atendieron. El hospital era un manicomio, gente herida entraba uno tras otro como si fuera una autopista, todo el mundo corría. Las caras (de médicos y enfermeros) eran de espanto.
Sentados en el piso aguardaron hasta las 10 de la mañana, puesto que la atención demoró por el cúmulo de casos graves.






























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