Olga Roqueta, de 77 años, y su esposo Antonio dijeron que depositaron sus boletas ausentes en el buzón de su casa en el oeste de Hialeah semanas antes de las elecciones del 14 de agosto.
Alberto Rodríguez, de 42 años, afirmó que Anamary Pedrosa, ex empleada de la oficina del comisionado condal Esteban Bovo, pasó por su casa a recoger la suya.
Doris Martínez, de 83 años, sostuvo por su parte que tanto ella como su esposo entregaron sus boletas selladas a Sergio Robaina, un viejo amigo que prometió llevarlas a la oficina de correos.
Roqueta, Rodríguez y Martínez se encuentran entre los 164 votantes cuyas boletas ausentes están en el centro de una investigación criminal sobre fraude electoral que hace dos semanas provocó el arresto de Robaina y ha levantado sospechas sobre otros boleteros en Hialeah.
Las diversas historias de estos votantes -la mayoría hispanos ancianos registrados como republicanos- ofrecen una ventana a un sistema atrincherado en la política de Hialeah que depende de las amistades y las relaciones familiares. No obstante, en varios casos sus explicaciones contradicen con la versión policial.
Pedrosa, quien no enfrenta cargos, ha dicho a las autoridades que recibió las boletas de parte de Robaina y de otras personas dentro la oficina de Bovo. Luego las depositó en un buzón afuera de la oficina de correos en el 2200 de la avenida 72 del noroeste, donde fueron halladas juntas por un empleado postal la mañana del 26 de julio.
Sin embargo, más de 60 votantes cuyas boletas se encontraron en este paquete sospechoso dijeron que no podían explicar por qué terminaron allí durante entrevistas con El Nuevo Herald y The Miami Herald.
Voté, firmé y las pusimos en el buzón de la casa, dijo Roqueta, una de 14 votantes que contaron historias parecidas.
Nadie ha sido acusado de robo de correspondencia, un delito federal. Fuentes vinculadas al caso destacaron que las boletas parecen haber sido depositadas juntas en el mismo buzón.
Sin embargo, 34 votantes reportaron que llevaron sus boletas a una oficina de correos o las dejaron en alguno de los buzones en la ciudad.
Entre ellos: Juana Olano, de 80 años, quien recordó depositar su boleta en un buzón afuera de la tienda Sedanos en su barrio. Mientras tanto, Felix Bermúdez, de 79, dijo haber depositado la suya en un buzón afuera de una farmacia Navarro.
A pesar de estas circunstancias inexplicables, unas 60 personas parecen haber entregado sus boletas selladas a un amigo o conocido que les hizo el favor de llevarlas a la oficina de correos.
Muchos dijeron que prefieren no depositarlas en su propio buzón por temor al robo pero que carecen de los medios para llevar las boletas a la oficina de correos ellos mismos. Las personas que recolectan las boletas les ahorran este viaje y, de paso, les regalan la estampilla.
El boletero cuyo nombre ha surgido más frecuentemente durante las entrevistas con los votantes es Robaina, quien enfrenta dos cargos graves de manipular las boletas de una mujer con demencia y el hijo de ésta. Robaina, de 74 años, se ha declarado inocente.
Pedrosa dijo a las autoridades que, durante cinco visitas, Robaina le entregó unas 40 boletas ausentes en la oficina de Bovo, quien niega saber de los hechos. Reporteros de El Nuevo Herald y The Miami Herald entrevistaron a 35 votantes que dijeron haberle dado sus boletas a Robaina.





























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