El correo de Teresita Ortiz, una lectora cubana me deja “con calor y con frío”… más claro: sin saber qué hacer con lo que sucede en este ciclo escolar, en el corazón de la más hispana de las ciudades de los Estados Unidos: nuestro Miami, el que no tiene comparación con nadie más.
Resulta que es una madre de familia con hijos en edad preescolar y de primer grado en escuelas públicas pertenecientes al distrito seis y quienes ya no gozan de los programas de español para hispanoparlantes en la escuela a donde asisten ¿Qué significa eso?
“Que se convertirá en un problema de la incomunicación humana. No lo creo asertivo y no tengo medios para defender mi preocupación. Los hispanos no tenemos los medios económicos para tener instructores privados que suplan esta falta de hoy en las escuelas de Miami y que nuestros hijos no pierdan el idioma”.
Le explico a Teresita Ortiz que, de acuerdo a información oficial publicada en este mismo diario en junio de este año, quienes defienden la nueva situación afirman que no es eliminar los programas, sino que ahora los alumnos hispanoparlantes y angloparlantes irán juntos a un programa de Idioma Extranjero Extendido que, de acuerdo a las autoridades les permitirá aprender más. Es más, que ahora serán cinco las horas semanales de idioma extranjero para todos, en lugar de las dos horas y media que se tenían.
“Me gustaría mucho que mi hija, en esas cinco horas de escuela, no solo practicara su idioma materno, sino que lo puliera. Eso se logra con horas diarias extra, con un maestro especializado en enseñarlo tal y como lo tuvimos nosotros en nuestros países y que difícilmente podrán hacerlo sin programa oficial en las escuelas. No creo que con poner un letrero a la entrada de nuestras casas: “Aquí solo se habla en español” tengamos éxito en lograrlo para que nuestros hijos lo hablen y escriban correctamente. Por mucho esfuerzo que hagamos nos ganaría el idioma social de la escuela, la TV y los videojuegos de su generación”.
Ortiz me dice que su preocupación va más allá: que esto podría ser el inicio del desmantelamiento de los programas de español de las escuelas, ignorando que es un idioma que se habla en 79 países.
“Es muy triste y me siento impotente de que no tengamos programas para mostrarles lo importante que es un segundo idioma y que cuando se reducen las partidas o dinero de la educación, el español se vea afectado. Con otra desventaja: cansados del trabajo, llegando a la casa sin fuerzas, los padres tendremos que volvernos maestros del idioma para que nuestros hijos no lo pierdan”.
Dijo algo más que me pegó fuerte:
“Soy una madre hispana que se siente como una hormiga en el gran mundo de la política de la educación, una hormiga que cualquiera pudiera aplastar desde arriba”.
Y me preocupo igual que ella. Y me aterra que en una o dos generaciones los letreros en inglés digan: “Aquí no se habla español”.•























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