Ante todo le informo que no soy muy instruido, pues sólo fui a la primaria hasta 3ro. elemental. Gracias a Dios no tengo problemas con la migra, pero tengo una sobrina en Medellín (reside allí) aunque fue nacida en El Banco, Magdalena, y a la orilla del río Cesar, de donde yo también soy oriundo.
Ella es residente de este país y aplicó para la ciudadanía. Fue a la cita con Inmigración, pero no pasó el examen en inglés. Tampoco pudo probar sus varias entradas y salidas y dijo algunas mentiras. Según respuestas de Inmigración, ó sea, que no estuvo un mínimo de 2½ años continuos en el país.
¿Tendrá ella problema al regresar al país? ¿Podrá aplicar de nuevo para la ciudadanía? Le remito fotocopias de la respuesta de Inmigración. Soy su asiduo lector y no me pierdo una de sus respuestas.
“ Tío preocupado”, Miami
Sin usted proponérselo, su amable carta fue para mí fuente de nostálgicas evocaciones, que en mi vida datan de unos 60 años atrás, cuando ingresé, viví, y transité por las partes de la geografía colombiana que usted cita. A mis escasos 18 años de edad, la vida me empujó, con ayuda de mis padres, a buscar salud en aires más prósperos que los de mi calurosa y sofocante Barranquilla. Así fui a dar a Pueblo Bello, entonces corregimiento de Valledupar y capital hoy día del Departamento del Cesar, el cual colinda al occidente con el suyo, el del Magdalena. Conocí El Banco viajando de niño, río abajo por el Magdalena, antes de mi pubertad, y, 10 años más tarde, ya universitario, viajé en avión con un grupo de profesores a Barrancabermeja, Santander, a contemplar los impresionantes pozos petrolíferos que enriquecen a Colombia y que hoy día la empobrecen como asiento y escenario de poderosas guerrillas. En resumen, su carta trajo a mi memoria, en esta última fase de mi existencia, a la otra Colombia, la que se recupera lentamente del período negro que se inició el 9 de abril de 1948 con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y que ahora, diremos de 1980 para acá, ha corregir lo mejor que puede sus extravíos y a volver a la prosperidad por todo lo bella, esforzada y pujante que su tierra y su gente son.
Pero, ¡¿qué hago yo rememorando el inolvidable país en que me forjé, y demorando contestar las difíciles preguntas que su carta me plantea?! Respuesta: debe ser un fenómeno inconsciente de evasión, porque, a la verdad, no tengo contestaciones positivas a las repetidas dificultades que su sobrina misma se creó con... ¡su nariz extralaaaaaaaaarga! – pintoresco símil anatómico de una boca excesivamente mentirosa... Su sobrina, según averiguó Naturalización, escogió responder con mentiras en las diversas ocasiones en que tuvo contacto con la autoridad inmigratoria ó consular. Muy malo...
Para calificar como ciudadana por Naturalización, tenía ella que demostrar buen carácter moral durante por lo menos los 5 años anteriores a la radicación de su solicitud de naturalización (N400) y hasta la toma del juramento de ciudadanía. Además, debía estar físicamente presente en EEUU por lo menos 30 meses al momento de pedir la naturalización. Naturalización estableció, distinto a sus respuestas (!), que ella había obtenido una visa de turismo el 15 de mayo de 1997 y que había entrado en los EEUU en diversos viajes desde Colombia en diciembre del 1990, saliendo de EEUU en enero de 1991; en septiembre del 1997, saliendo de EEUU y regresando en octubre de 1997; nuevamente en febrero de 1999, con regreso en marzo del 1999; salida en julio del 2000 y regreso en septiembre de ese mismo año. Al fin, el 7 de octubre del 2002 el consulado de EEUU en Bogotá le denegó una segunda solicitud de visa de turista.
Todo esto contradicen su testimonio de que ella ha tenido presencia física continua en EEUU desde 1980 y ningún viaje anterior al 30 de julio del 2010. La oficina de Naturalización concluyó que su sobrina dio “falso testimonio bajo juramento con la intención de obtener un beneficio de inmigración”. ¡Error fatal!
Es una lástima que ella no haya comprendido que con las autoridades de EEUU no se juega.. ni se miente. Quisiera ayudarle a cambiar ese resultado, pero, sinceramente, no veo cómo...
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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