Isaac desata su furia en Louisiana y Mississippi

 

New York Times

Exactamente siete años después de que el huracán Katrina y el desplome de los diques desataron una vorágine de devastación en la costa del Golfo de México, el huracán Isaac trajo consigo su propio método de destrucción, empapando la costa no de un solo golpe sino mediante incesantes aguaceros.

La tormenta azotó la costa de Mississippi con fuertes lluvias, mientras golpeaba al sur de Louisiana un ritmo enloquecedor. En su trayecto tierra adentro, Isaac arrojó más de un pie de lluvia en algunos sitios y causó una violenta marejada que hizo recordar las terribles imágenes del 2005: las personas atrapadas en los techos de sus casas, los rescatistas entrando en los áticos a golpe de hacha y los rescatados apretando en sus brazos las pocas pertenencias que les quedaban.

La zona más golpeada de la costa fue Plaquemines Parish, ese brazo de tierra que sigue al Río Mississippi hacia el Golfo de México y el sitio en que tanto Isaac como Katrina tocaron tierra por primera vez. Los temores de que el dique sería rebasado por la enorme marejada de Isaac estaban bien fundados. Los residentes de la zona oriental de Plaquemines que ignoraron la orden de evacuación emitida el lunes se vieron obligados a subir a los áticos cuando el mar irrumpió, inundando el área entre los diques con hasta 14 pies de agua.“Nunca hemos visto nada como esto, ni siquiera Katrina”, comentó Billy Nungesser, la máxima autoridad del municipio, visiblemente afectado.

Ese mismo tema se repetía en todas partes, por Kim Duplantier, el director de escuela cuya casa en Plaquemines sobrevivió a múltiples huracanes pero que quedó arruinada el miércoles; por el alcalde de Grand Isle, Louisiana, una comunidad costera que quedó inundada e incomunicada con tierra firme; y por A.J. Holloway, el alcalde de Biloxi, Mississippi, quien se arrepentía de no haber ordenado una evacuación. El escepticismo con el que los residentes de la Costa del Golfo, incluyendo a Holloway, vieron a Isaac —que el miércoles fue degradado a tormenta tropical— demostró ser un arma de doble filo.

“Realmente no anticipé esto”, dijo Holloway mientras movía su vehículo todoterreno a la orilla de la autopista 90, una pintoresca carretera usualmente llena de bañistas y aficionados a los casinos, convertida ahora en un río. “Hay mucha más agua de lo que hubiera pensado”.

En Nueva Orleans, la decisión de la mayoría de los residentes de quedarse en sus casas no se convirtió en catástrofe. Había árboles derribados y calles inundadas en la ciudad, mientras que tres partes de la ciudad estaba sin electricidad, y así permanecerá por varios días para más de 600,000 personas en todo el estado hasta que los vientos disminuyan y las cuadrillas de reparación puedan comenzar a trabajar. Pero a pesar de algunos momentos de nerviosismo, el sistema de protección contra inundaciones de $14,500 millones parece haber funcionado.

A las afueras de la ciudad, había inundaciones severas en la medida en que Isaac permanecía prácticamente inmóvil, sin dejar duda sobre su capacidad destructiva. El Centro Nacional de Huracanes esperaba que la tormenta arrojara hasta 25 pulgadas de lluvia en algunas partes de la Costa del Golfo, y citó una medición de casi 23 pulgadas en Arabi, Louisiana, cerca de Nueva Orleans. También había en efecto advertencias de huracán para varios condados de Mississippi.

El gobernador de Louisiana, Bobby Jindal, afirmó el miércoles que más de 4,000 personas estaban en albergues en el estado y que 5,000 miembros de la Guardia Nacional habían sido desplegados para ayudar en las labores de asistencia a los afectados. Lo que parece increíble es que no se han reportado víctimas fatales, tomando en cuenta que la furia de la tormenta tomó por sorpresa a muchos de los residentes.

“Como inicialmente era sólo una tormenta tropical en lugar de un huracán, mucha gente, especialmente la que vive allá abajo, no estaba muy preocupada”, comentó Deano Bonano, asistente de uno de los concejales municipales, refiriéndose al pequeño poblado de Lafitte, ubicado fuera del dique.

“Creo que todos nos vimos sorprendidos por esto”, añadió Denny Mecham, directora del nuevo Museo de Arte Ohr-O’Keefe, en Biloxi, que estaba a punto de empezar a anegarse. “Trataron de prepararnos, pero para la gente que está acostumbrada a un huracán de categoría 3 o categoría 5, esto no parecía mucho”, explicó. “Todos decían que íbamos a abrir el jueves por la mañana. Parece claro que no va a ser así”.

El mismo cálculo hicieron los residentes de Plaquemine Parish, conocidos como personas fuertes y que dependen de sí mismas. Camaroneros, pescadores de ostras, rancheros y trabajadores petroleros conviven en esta área de la costa dividida por el Río Mississipi, donde han pasado de todo: numerosos huracanes, lo peor del derrame petrolero de BP y una preferencia por ocupaciones que no se asocian generalmente con la comodidad y la seguridad. La zona quedó en su mayor parte fuera del sistema federal de diques, para molestia de los residentes.

Las soluciones para sacar el agua de la zona oriental de Plaquemines, que podría tomar días, no son sencillas. El Cuerpo de Ingenieros está recogiendo bombas de agua de Baton Rouge y otros lugares para bombear el agua al Mississippi, pero las bombas trabajan de manera lenta.

Nungesser, con el respaldo del gobernador Jindal, indicó que el plan era hacer perforaciones en el dique del Golfo para acelerar el desagüe, como se hizo después del huracán Gustavo en el 2008, y que un equipo comenzaría las labores el jueves por la tarde.

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