Un amigo mio que es muy cínico y de filiación demócrata dice bromeando que el huracán Isaac fue un castigo divino contra los republicanos por sus políticas contra los pobres y las minorías. Bromas aparte yo creo que Isaac es una señal de alarma para todos y especialmente los más de 35 millones de estadounidenses que vivimos en zonas periódicamente golpeadas por los huracanes y que necesitamos un salvavidas nacional.
Quienes estamos mas cerca del trópico somos expertos en el cíclico ritual. Primero sentimos la punzada de angustia cuando vemos como nos traga el rojo y palpitante cono en nuestras pantallas de televisión. Luego pragmáticamente caemos en piloto automático y evacuamos a zonas seguras o si nos quedamos nos aprovisionamos de agua y gasolina, además de blindar nuestros hogares. Pero con o sin el impacto directo de la tormenta ya sabemos que la verdadera catástrofe viene después de cada tormenta y amenaza con tragarse nuestro sueño americano: el costo insostenible de nuestras primas de seguro contra huracán.
El paso del huracán Andrew hace 20 años cambio para siempre la dinámica de los seguros en la Florida. Las grandes compañías de seguro nacionales entendieron que Florida era un mal negocio y salieron corriendo. Eventualmente la legislatura estatal tuvo que crear una empresa de seguros estatal, Citizens, para cubrir a la creciente población que se quedó sin seguro. Hoy en día Citizens da servicio a la mayoría de los propietarios de viviendas del sur de la Florida pero a un alto riesgo para todos porque Citizens no tiene fondos para cubrir las reclamaciones que se derivarían del impacto de un huracán de considerable tamaño.
Al mismo tiempo, las pocas compañías privadas que ofrecen primas no tienen reservas para cubrir reclamos por daños causados por un viento platanero y mucho menos si nos golpea un huracán. Por eso se cubren comprando pólizas de reaseguro a compañías extranjeras que operan con reglas similares a las de los casinos de juego. El 64 por ciento del costo de nuestras pólizas, más de $19 mil millones en los últimos 7 años, acabó en manos de estas reaseguradoras internacionales a cuyo mando hay magnates que se reúnen en Mónaco para brindar con champan por el paso de los huracanes y el incremento de los precios de los seguros. Como dijo Jeb Bush “la Florida no puede seguir a merced de gente que quiere que ocurra una catástrofe para subir sus cuotas”. Pero la realidad es que continuamos en sus manos –y en sus bolsillos- porque no hay otra opción. Y por eso estamos pagando más que nunca por menos cobertura.
Hemos llegado a un punto en el que bastantes propietarios pagan más por el seguro que por la hipoteca. Los jubilados con la casa pagada e ingresos fijos han tenido que cancelar sus pólizas y vivir a merced de los vientos.
En la plataforma enarbolada por el partido republicano esta semana se habla mucho de la necesidad de reducir impuestos. Aquí los impuestos a la propiedad han bajado pero el costo de los seguros sigue aumentando vertiginosamente.
El problema es complejo pero hay soluciones. ¿En vez de pagar miles de millones de dólares a compañías de seguro radicadas en el extranjero por qué no invertir en un fondo de catástrofe nacional que nos proteja a todos a mucho menor costo?
Cinco años atrás dos representantes federales republicanos de la Florida presentaron en Washington una propuesta para crear un programa de seguro nacional que sería administrado por el gobierno federal y que ofrecería reaseguro a mejores precios tanto a entidades estatales como Citizens como a compañías privadas. Se estima que una compañía de seguros nacional que repartiera el riesgo reduciría el coste de nuestros seguros de huracán en un 20 por ciento. Pero hasta ahora no ha pasado nada.
Desgraciadamente las 68 páginas de la plataforma republicana no tienen una sola mención de ese tema. Yo sospecho que tampoco la habrá en la plataforma demócrata. Si de verdad quieren ganar la Florida en noviembre deberían darnos soluciones para un problema angustioso que afecta a todos los que vivimos y votamos en esta esquinita del trópico.

























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