Tampa -- Uno fue un alto funcionario del gobierno cubano que manejó más de $700 millones en importaciones de Estados Unidos en solo un año. Otro es el hijo de un general de las fuerzas armadas cubanas. Y también está la hija del poderoso vicepresidente de la isla.
Los tres desertaron y pasaron a formar parte del poco conocido grupo de cubanos que se escapan del gobierno comunista y se establecen en Tampa, una ciudad con fuertes lazos históricos con la isla pero hoy en día con no mucha presencia del exilio cubano.
¿Por qué Tampa?
Claramente, para evitar el fervor anticastrista de Miami, afirman analistas. Pero también debido a que es menos probable que los desertores sean reconocidos en las calles de Tampa y porque en Miami hay muchos agentes del FBI conocedores del tema cubano, y demasiados espías de Castro.
Es indudable que ellos pueden tener un aterrizaje más suave en esta área, comentó Ralph Fernández, abogado cubanoamericano de Tampa, quien dijo saber de cinco funcionarios del gobierno cubano de nivel medio a alto que viven en su ciudad y cuyas deserciones en los últimos meses no han sido divulgadas.
El abogado de inmigración de Miami Wilfredo Allen dijo que su oficina de Tampa había sido contactada por media docena de oficiales de las fuerzas armadas y funcionarios gubernamentales de Cuba de mediano nivel en busca de ayuda con su estatus legal durante los últimos tres años.
Fernández y otros cubanos de Tampa están de acuerdo en que el número total de desertores recientes que viven en la ciudad de 346,000 habitantes es alto pero imposible de conocer porque muchos de ellos están ocultos o mantienen un perfil discreto por razones diversas.
El ex capitán de fragata de la marina de guerra de Cuba Armelio Pavón, quien vive en Tampa desde que desertara en 1994, declaró que él escucha las mismas razones tanto de labios de desertores como de cubanos comunes y corrientes que han llegado recientemente a esa ciudad.
Ellos dicen: si me fui de Cuba, entonces ¿por qué seguir en el cubaneo que hay en Miami?, afirmó Pavón. Ellos prefieren quedarse fuera de Miami, porque prefieren separarse de ese mejunje que a veces es Miami.
Un ejemplo es Glenda Murillo, de 24 años, hija de Marino Murillo, vicepresidente cubano y miembro del Buró Político del Partido Comunista a cargo de las reformas económicas. Glenda desertó el mes pasado y se apareció en la casa de Tampa de una tía, Idania Díaz, quien dijo que la joven tiene un novio en Hialeah, pero que vivirán en Tampa porque aquí es más tranquilo.
Otros tienen razones más fuertes para mantenerse lejos de Miami, como es el caso del ex capitán del Ministerio del Interior que trabajaba en Confrontación dedicada a la vigilancia de los disidentes en una ciudad del interior de la isla, antes de desertar en el 2009. Vivió un año en Tampa y luego se mudó a Las Vegas.
Mire, yo nunca le hice daño a nadie, nunca le pegué a nadie, nada. Pero a mí me conocen en ese pueblo como un oficial de Confrontación, y no quiero encontrarme con algún vecino en la Calle Ocho o Hialeah, aseguró y pidió conservar el anonimato porque teme por su seguridad.





























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