Calles, escuelas, iglesias y edificios gubernamentales de Santiago de Cuba están decorados con murales, pinturas y esculturas creadas por Ismael Espinosa Ferrer.
Pintó paisajes de Cuba, que van desde las encrespadas olas del océano hasta las crestas de las montañas.
No lo definía un período temporal específico, dijo su hija, Maricel Presilla. Llevaba los sentimientos a sus pinturas: colorido, fuerza, atrevimiento.
Espinosa murió de insuficiencia cardíaca el 4 de septiembre, tres días después de cumplir 92 años de edad, en el Hospital Baptist, de Kendall.
Destacado maestro de arte en Cuba, Espinosa decoró instituciones tan bien conocidas como la Escuela de Comercio, la Biblioteca Pública Elvira Cape, la Catedral de Santiago, el Balcón de Velázquez, el Museo Emilio Bacardí, la Universidad de Oriente, el Hospital Provincial, la Colonia Española y el Banco Nacional.
Creció en Baire, Cuba, en una familia de nueve personas. Su padre murió cuando Espinosa era un niño.
Su madre, viuda, se mudó con toda la familia a Santiago de Cuba, donde se ganaron la vida vendiendo periódicos, frutas tropicales y con una pequeña factoría de tabacos, montada en su propia casa.
Cuando tenía 9 años, Espinosa envió un dibujo a un periódico, que lo premió con 28 pesos, los que utilizó para comprar materiales de arte.
Ganó una beca con su obra Sara, una escultura de una modelo cubana, y eso le permitió ir a New York para estudiar en la Art Students League,
Le encantaba pintar en el lugar, y se llevaba sus acuarelas con él a todas partes en New York, dijo Presilla.
Al cabo de un año regresó a Cuba para enseñar arte en la Escuela Normal de Oriente y en la Escuela Provincial de Artes Plásticas, donde conoció a la también maestra Angélica Parladé, con quien se casó en 1951. Tuvieron tres hijos.
A pesar de su prominencia, Espinosa fue despedido de su trabajo y enviado a trabajar en los campos tan pronto como pidió salir de Cuba.
Recibió el permiso para marcharse de la isla en 1970, y se fue con su familia a Miami, donde la comunidad artística cubana lo acogió.
Pintaba en un estudio en su vivienda de Westchester, donde cultivaba un jardín de frutas, plantas y flores tropicales.
Ilustró el libro para niños que su hija escribió sobre la Navidad en 1994, el cual fue objeto de una entusiasta reseña en The Miami Herald: Feliz Nochebuena, Feliz Navidad: Christmas Feasts in the Hispanic Caribbean (Henry Holt).
Después de la muerte de su esposa en el 2009, su hija le sugirió que se mudara a New Jersey, donde ella vive, pero él quiso quedarse en el trópico, en el sur de la Florida.
Siguió pintando hasta el final, dijo Presilla.
Además de su hija, lo sobreviven sus hijos Ismar Espinosa y Marco Alejandro Espinosa, ambos de la Florida.
Se celebraron servicios fúnebres en su honor.






























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