Cuando el sábado, en el estacionamiento del James L. Knight, donde se celebraría el concierto de Lolita y Rosario Flores, dos señoras preguntaban si ‘ahí era el concierto de la Faraona’, confirmamos que el público que venía a ver esa noche a las hermanas Flores lo hacía también por fidelidad y respeto al arte de su madre, la gran Lola Flores.
Este detalle marcó el amplio rango de edades de los asistentes, que vinieron atraídos tanto por el estilo rockero y juvenil de Rosario, por la fuerza y la entrega de Lolita como por el recuerdo de la Faraona. Esta estuvo presente en espíritu todo el tiempo en las palabras de agradecimiento y homenaje de sus hijas.
El espectáculo empezó alrededor de las 9 p.m., con retraso de una hora, luego de que las personas se abrieran camino hasta sus asientos casi sin ayuda de los acomodadores del teatro, que no parecían tener suficiente personal para atender tanto público. Por fin se apagaron las luces y, a sala llena, salió Lolita ataviada con un entallado vestido negro con toques brillantes y falda de flecos que le daba mayor soltura a sus movimientos.
Comenzó con Mía, el tema de Armando Manzanero, que contó fue el primero que de niña aprendió cuando lo tocaba su padre, Antonio González “el Pescaílla”. Siguió con una selección de los temas más populares de su larga carrera como Amor, amor, amor, No renunciaré y Ay, pena, penita, pena. Este último lo bailó moviendo con habilidad el mantón español, técnica que domina como pocas y que, sin duda, también fue un homenaje a su madre.
Mientras, el público coreaba las canciones de Lolita y pedía otra que fue muy popular en Cuba , Amor en La Habana, la intérprete, sin embargo, no complació esta petición porque dijo no cantarlo desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, la mención del tema dio pie para que recordara que de tanto cantarlo encontró “un amor cubano”, en referencia a su actual pareja, el actor cubano de Miami Pablo Durán. La cantante también interpretó Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat, de quien dijo haber estado enamorada en su juventud, sin haber sido correspondida por el cantautor catalán.
Como punto final a la primera parte del concierto, Lolita puso a bailar al público con su famosa versión del tema de Compay Segundo, Sarandonga, dejando listas las gradas para recibir a su hermana Rosario.
Las más joven de las Flores salió vestida con un conjunto de short y chaqueta blanco y unas botas rosadas hasta las rodillas que destacaban sus largas piernas en perenne movimiento. Rosario lo mismo rockeó que interpretó temas que requieren mucho sentimiento como Te quiero, te quiero de Nino Bravo, cuya versión quedó a la altura del ídolo español conocido por su potente voz.
Después de un intenso despliegue de energía en escena, Rosario cambió el registro a un tono más nostálgico para cantar el tema más conocido de su fallecido hermano Antonio, No dudaría, y luego invitó a su hermana a unirse en el escenario. A dúo ofrecieron una magnífica entrega del tema que tan bien cantaba su madre , A tu vera, que contó además con un montaje de voz de la Faraona. Fue quizás uno de los momentos más memorables de la velada, que confirmó las palabras de Rosario de que en ese escenario no estaban solas sino acompañadas por sus padres y su hermano.
El show culminó con media platea bailando frente al escenario mientras las hermanas cantaban el Meneíto de Rosario. El show fue un despliegue de madurez y sabor de ambas, probando que cada una en su estilo es continuadora del arte de su madre.•




























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