En la convención del Partido Demócrata, el presidente Obama llenó de esperanzas al pueblo sobre un futuro mejor y para lograrlo, pidió ser elegido presidente de nuevo. Obama ofreció a los estadounidenses “Un boleto al futuro” usando con maestría cifras, palabras, ejemplos y promesas sobre lo que el estadounidense necesita y quiere. Defendió con pasión los resultados de sus cuatro años de trabajo, exaltó logros de su administración que los ciudadanos comunes no hemos visto. El boleto al futuro que nos ofrece solo incluye, como hace cuatro años, esperanzas.
Las soluciones no están a la vuelta de la esquina, nos señala Obama. Nos dice que requieren de mucho esfuerzo, trabajo y tiempo. Y es cierto, pero ¿cuánto más? Cada cuatro años nos llenamos de esperanzas, para después chocar con la frustrante realidad del fracaso. Bush ya es pasado. Entonces preguntémonos: ¿Qué pasó en estos últimos cuatro años, que no se pudo cumplir el sueño de “Sí, se puede”?
La vida se labra con esfuerzo, trabajo y tesón, en aras de un mejor futuro, pero estamos en Estados Unidos, el país más desarrollado y poderoso del mundo, donde las bases para un mejor futuro ya están hechas, existen, son firmes y solo necesitamos hombres capaces de hacer funcionar al país y llevarlo hacia adelante por el camino correcto.
Después de cuatro años, Obama no puede culpar a nadie por el mal desempeño de su gestión. Antes de comprar de nuevo el “Boleto al futuro” que Obama nos ofrece por segunda ocasión, pensemos primero en el presente y en los años que hemos tirado por la borda. Pensemos que vale la pena explorar otros caminos.
José M. Izquierdo
Hialeah



























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