Nací en Cuba el 7 de enero de 1939 y llegué a Miami el 20 de noviembre de 1995 por reclamación familiar de mi señora madre, ya fallecida. Soy residente permanente desde dicha fecha, después de un año y un día de haber llegado a este país de libertad y oportunidades para todos. Tengo a bien informarle que durante los años transcurridos desde mi llegada a este gran país no he tenido ningún record negativo en mi conducta e historial. Estoy felizmente casado desde hace 12 años con una ciudadana americana.
Después de informarle estos antecedentes, le expongo el motivo de mi solicitud de ayuda. Estando en Cuba fui elegido “trabajador ejemplar” por mis compañeros de trabajo, con vistas a mi posible membresía en el Partido Comunista, al cual finalmente pertenecí. En el formulario que me entregó la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana, cometí el error de omitir el antecedente de mi membresía en el partido, por lo cual solicito de usted un consejo y ayuda profesional para que me indique los pasos que debo dar para mi posible obtención de mi ciudadanía americana.
De ser publicada mi carta, solicitó de usted favor, no mencionar mi nombre, pues deseo mantener el anonimato de mi condición expuesta como miembro del Partido hasta mi salida de Cuba en noviembre de 1995. No obstante, a usted sí le doy mi nombre y dirección por si necesita poder comunicarse conmigo, lo cual le agradecería profundamente.
Por último le informo que soy asiduo lector del periódico El Nuevo Herald y, por supuesto. de su Línea de Inmigración que tan interesante e importante es para nosotros los hispanos por sus sabios consejos y ayuda profesional que a todos nos ofrece.
(Anónimo a solicitud)
Hialeah, Florida
No está fácil su caso dado que (1) usted está políticamente contaminado por su membresía en el Partido Comunista cubano, lo cual es malo, y (2) porque en una etapa crítica de su proceso inmigratorio, cuando se lo preguntaron, usted mintió... lo cual es peor. Así y todo, vistas desapasionadamente las circunstancias completas de su situación, mi primera impresión es que usted saldrá airoso de sus dificultades en razón de sus fuertes e quities (vale decir, sus“factores favorables”), aunque no necesariamente de la noche a la mañana.
Por petición de la madre no hay quien entre a EEUU y al “año y un día” le den la residencia permanente, como describe que le sucedió a usted. Debió entrar con parole, lo cual estaría perfecto, salvo por el “eclipse” cuando ocultó a la Sección de Intereses en La Habana su pasado político. Sobre usted penden, como la legendaria espada de Damocles, no una sino dos sanciones: 10 años de impedimento para todo aquel que haya pertenecido al “P.C.”, e impedimento permanentemente para quien haya cometido una “falsedad material” –sección 212(a)(6)(C)(i) de la Ley de Inmigración—en su gestión inmigratoria. ¿Fatal? No... Lo primero lo cura el tiempo, y lo segundo lo puede borrar un waiver, ó sea, un perdón pedido por la esposa ciudadana de EEUU.
Como usted ve su caso no es “maíz pilado”, ó sea, no está listo para comer y sonreír.... Por razones de espacio y hasta de inutilidad a este punto, me abstengo de escarbar más en sus enredos y consecuencias. Más bien le hablo cualitativamente: usted se busca el mejor abogado de inmigración que pueda contratar y se prepara a una batalla como la de las Termópilas (lea historia...), ó, a sus 73 años bien cumplidos, vive tranquilo y sin sobresaltos con residencia permanente al lado de su dulce, fiel y ciudadana esposa...
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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