Aroldis Chapman siempre tuvo claro, desde que supo que se ganaría la vida como pelotero, que quería ser un pitcher abridor.
Ahora no está tan seguro.
Y no es para menos.
El zurdo se ha convertido en el taponero revelación del 2012 y una de las principales razones de que los Rojos de Cincinnati comandan la División Central de la Liga Nacional.
“Ahora mismo no sé si quiero ser abridor. Este año me ha ido bastante bien como cerrador”, dijo Chapman de visita en Miami con su equipo para una serie de tres partidos ante los Marlins. “Me gusta esto de ser cerrador”.
Como apagafuegos ninguno ha sido más impresionante que Chapman, el cubano que tiene un impresionante promedio de 15.83 ponches por cada nueve innings –cifra tope en las Mayores entre serpentineros con al menos 60 episodios de labor- con efectividad de 1.60 y un WHIP (hombres embasados por inning) de 0.80, sólo por detrás del dominicano Fernando Rodney.
Semejantes números y la forma cómo ha dominado a sus rivales lo ha sorprendido incluso a él.
“Al principio sí, porque veía los ponches y los innings y las bases por bolas [menos que el año pasado] y me sorprendió un poco”, apuntó el holguinero.
Tan explosivo ha sido el lanzallamas de los Rojos, que incluso algunos analistas lo han mencionado como un posible candidato al premio Cy Young, un galardón, que admitió, no estaba en sus planes.
“No pienso en eso”, reveló.
Hace dos años, Chapman sí soñaba con otro galardón, el Novato del Año, pero confesó el viernes que ahora es otro, un hombre muy diferente al tímido muchacho que llegó a Estados Unidos y debutó en el béisbol profesional en el 2010.
“He cambiado bastante, en la disciplina, en el terreno. La forma de juego, de lanzar. He visto videos y noto diferencias”, sentenció. “Me faltaba pulir mucho cosas, la mecánica, el control, los lanzamientos”.
También la velocidad.
“Sé que pudiera tirar más duro, pero con lo que tengo es suficiente. Así estoy bien y puedo sacar mis outs”, reiteró.
Y nadie ha visto mejor los cambios de Chapman que Tomás Vera, entrenador atlético de los Rojos y quien se ha convertido en traductor del pelotero y uno de sus mejores amigos.
“Cuando llegó le dije al equipo que él no estaba listo, que tenía talento de grandeliga, pero que no era aún un grandeliga, porque no pasó por el proceso básico de maduración y entendimiento de lo que es esto”, dijo Vera. “Ahora ya habla de su preparación futura. Está empezando a entender lo que es ser un grandeliga, es decir, que esto no es sólo ponerse el uniforme y estar aquí, es prepararse para jugar al menos 10 años en este nivel”.
Siga a Luis E. Rangel en Twitter: @luirangel




























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