ESCUINTLA, Guatemala -- Por el mismo camino escabroso que abandonaron sus comunidades huyendo de la furia del volcán Fuego, el pasado jueves, cientos de personas retornaban el viernes a sus viviendas en el suroeste de Guatemala, tras una reducción de las erupciones, constató la AFP.
Unas 800 personas, en su mayoría niños y mujeres, abordaron camiones del ejército y autobuses de ingenios azucareros para regresar a las comunidades Morelia y Panimaché II, asentadas en las faldas del volcán, que la víspera despertó con la actividad eruptiva más fuerte de la última década y motivó la evacuación de unas 33,000 personas.
La actividad volcánica afectó directamente a seis comunidades del municipio de Yepocapa (Chimaltenngo) y una de San Juan Alotenango (Sacatepéquez), aunque se reportó caída de ceniza en varias áreas de los departamentos de Sololá (oeste), así como en Escuintla, Suchitepéquez y Retalhuleu, estos tres en el litoral del Pacífico sur.
Los pobladores, indígenas y campesinos de escasos recursos, pasaron la noche del jueves en tres albergues que las autoridades habilitaron en el municipio de Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla, 90 km al suroeste de la capital, el más próximo a sus aldeas.
“Ayer en la mañana (por el jueves) estábamos tranquilos, cuando el volcán empezó a tirar ceniza y después fue arena y el olor (a azufre) no se aguantaba y por eso nos sacaron (…)”, relató Olga Cárdenas, de 63 años, mientras esperaba turno para abordar un autobús que la devolviera a su lugar de origen.
“Ya estaba muy seria (complicada) la cosa, no podíamos respirar y decían que ya la lava venía para abajo, en el albergue no dormimos nada y dejamos todo (en su precaria vivienda) a la mano de Dios”, dijo Cárdenas, quien solo espera encontrar sus pocas pertenencias al retornar a su hogar.
“El cielo se puso todo negro, parecía que estaba lloviendo, cuando salimos ya estaba cayendo arena”, mencionó Enrique Bor, de 54 años, uno de los pocos hombres que se movilizó junto a su familia a los albergues.
La gran mayoría de hombres prefirió permanecer en las comunidades para proteger sus pertenencias de posibles robos, pese al peligro que representaba, como es el caso de Rufino Ramirez, de 74 años, quien decidió quedarse en la aldea Morelia con su esposa e hija, resguardando sus animales.
“Me quedé porque tenemos animales, el temor de la gente es que se los roben y por eso no salimos, tenemos patos y un marrano para vender”, bienes importantes esenciales de su precaria economía.
Bartolo Benito, propietario de un pequeño dispensario de abarrotes, se vio también obligado a permanecer en el local durante la emergencia por temor a los delincuentes.
“Me tuve que quedar para cuidar el negocio pero si se hubiera puesto peor, ahí sí salimos” explicó el joven de 23 años, mientras atendía unos clientes.
La mañana del jueves, minutos antes de la gran explosión volcánica, en la escuela primaria de la aldea Panimaché II se preparaban para elegir a la “Niña Independencia”, en conmemoración del 191 aniversario de la emancipación de España, actividad que hubo que suspender para huir y buscar refugio en sitio seguro.
Las autoridades de educación suspendieron las fiestas cívicas en los municipios de Santa Lucía Cotzumalguapa y Siquinalá, por temor a una nueva erupción.
El volcán es uno de los tres que se encuentran activos en este país centroamericano. Los otros dos son Pacaya y Santiaguito, en el sur y oeste, respectivamente.






























Mi Yahoo