Química de profesión, Silvia Barcenilla buscó un empleo en Madrid durante casi un año. Pero, en marzo, decidió probar un enfoque diferente, mudándose al poblado de Villanueva de la Vera, a dos horas y media en automóvil conduciendo hacia el oeste.
Después de dos meses, ya estaba trabajando para un centro vacacional, la Hospedería del Silencio, que ofrece cursos de yoga y otras actividades recreativas en lo que alguna vez fue tierra agrícola. Firmó un contrato por un apartamento de dos recámaras por 200 euros, o $255 al mes, apenas una fracción de lo que le costaría en Madrid. “Si yo hubiera encontrado un gran empleo en Madrid, ni siquiera habría pensado en mudarme a este lugar”, dijo. “Pero ahora, no veo razones claras para regresar”.
Barcenilla forma parte de un movimiento dentro de España que ha crecido a grado tal que algunos sociólogos lo han catalogado como “rurbanismo”, término inventado para describir la migración inversa de la ciudad al campo que ha detenido una tendencia de generaciones que ha sido por largo tiempo el patrón usual en la mayoría de las economías industriales más desarrolladas. El movimiento ha crecido de manera constante, pero se ha acelerado por la crisis económica de España, infundiendo nueva vida y sentido emprendedor a algunas áreas casi abandonadas.
“El rurbanismo empezó antes de la crisis, una vez que internet despegó y volvió posible trabajar en cualquier lugar, pero lo que la crisis está haciendo es volver más atractivo ese modelo”, destacó Carles Feixa, catedrático de antropología social por la Universidad de Lleida.
Resulta difícil cuantificar el movimiento, dijo, en parte debido a que muchos de los nuevos emigrantes no se molestan en cambiar su residencia oficial. Sin embargo, es claro, destacó, que las ciudades españolas de más de 100,000 habitantes han dejado de crecer en fecha reciente, en tanto pueblos de menos de 1,000 habitantes ya no se están encogiendo.
Algunos de estos nuevos emigrantes están regresando a los poblados donde crecieron o donde vivieron generaciones anteriores de sus familiares, a veces tomando propiedades que habían sido abandonadas o usadas solo para vacaciones.
Ciertamente la necesidad económica no es la única razón por la que los españoles se están mudando al campo. En los alrededores de Villanueva, por ejemplo, ha surgido una comunidad de artistas, desde diseñadores gráficos hasta músicos y escultores. Algunos han restaurado edificios de granjas en los que se solía secar tabaco y pimiento.
En el ínterin, algunos empresarios están comprando racimos de casas o caseríos enteros que fueron abandonados. Hace tres años, Luiz Álvarez empezó a comprar casas en un pueblito en la sierra de las montañas Gredos, desde la cual se domina la vista sobre Villanueva, usando dinero heredado del negocio de zapatos de su familia. Las casas habían estado abandonadas durante aproximadamente 60 años, obligándolo a emprender algunas investigaciones al estilo detectivesco para identificar a los descendientes de dueños anteriores.
Por una de las docenas que él ha adquirido hasta ahora, Álvarez tuvo que localizar a 15 personas dispersas a lo largo de España, Francia y Argentina con un posible reclamo sobre la propiedad indeseada. “Me tomó casi dos años seguir el rastro de esta familia y finalizar un contrato de compra”, dijo.





























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