Para todos los fanáticos de Marilyn Monroe vale la pena leer lo que escribió Norman Mailer sobre la actriz, aunque más de la mitad sean memorias imaginarias en Of Women and Their Elegance (1980). Mailer tiene una forma de describir a la actriz condescendiente o despreciativa, compadecida en otras, profundamente “enamorada” siempre, y definitivamente paranoica e insegura.
El novelista pertenecía al bando de los “sexistas”, según Kate Millet en Sexual Politics (1970), tiñendo todo lo que escribía desde el punto de vista del patriarcado. Y a pesar de situar a Marilyn como víctima de los que la rodeaban, también la pinta como si, inconscientemente, ella explotara las debilidades de los hombres. “No es tan inocente, sabe cómo engatusar, tiene en parte la culpa”, probablemente pensaba Mailer. Pero la compadece y el suyo no es un cuadro en blanco y negro, sino con matices y colores, al igual que las fotos de Milton H. Greene que ilustran el libro. Estas son una gran inspiración para él, confiesa Mailer.
Para la actriz los hombres eran postres apetecibles. Pero en una orgía imaginaria inventada por el autor, y contado de ese modo casi ingenuo con que ella aparece en las películas, escoge a uno. Ocurre en una noche en que se lanza de bar en bar para escapar del recuerdo de que lleva un niño en las entrañas que va a abortar. Se va con un tal Abraham Robert Charles (totalmente ficticio, como varios personajes que Mailer crea en la obra), y en uno de los bares se encuentra a una mujer, Rosalie. El novelista se regodea describiendo la intimidad que podría haber habido entre Marilyn y Rosalie, con Greene ilustrándolo con fotos adecuadamente expresivas.
Pero se va del bar con un hombre, Rod, que hace stunts en las películas. Se enreda sexualmente con él en una motocicleta que va a 80 millas por hora, y al final terminan en la casa de su próximo amante, quien la recibe desnudo, el también ficticio personaje Bobby de Peralta O’Connor. Allí es la orgía, en la que aparece un perro asesinado por uno de los asistentes. Es todo muy morboso y macabro a la vez. Pero Mailer explica en un epílogo que tenía que llenar imaginariamente los años tempranos de Marilyn para justificar psicológicamente por qué no podía disfrutar de su éxito.
Lo histórico en sí son las relaciones de Marilyn con Greene, que se convierte en su productor, y la impulsa a fundar Marilyn Monroe Productions; y las situaciones que se cuentan de dos filmes: Bus Stop y The Prince and the Showgirl, ésta última con Sir Lawrence Olivier. Es la época en que ella ha recibido clases en Actor’s Studio y se trae a Hollywood y a Londres a Paula Strasberg, quien le sugiere cómo actuar con símiles: “Sé un pájaro”, “sé un árbol”, “Coca - cola y Frank Sinatra”.
Olivier se burla de ese método, que ella trata de explicar sin éxito, ya que le exige que despida a Strasberg, excepto que el filme con el actor inglés resulta una bomba, pero es un triunfo para la actriz. Estaba recién casada con el dramaturgo Arthur Miller, y éste se cela de Olivier y de Greene, apartándola de éste último, su gran amigo, que es el que habla con ella dos días antes de que muriera.
Sus últimas palabras, en esta “autobiografía” novelada, son después de muerta, y una entrevista que publicó la revista Life tres días antes de su deceso, en la que se puede apreciar su poético recado póstumo. Ella también sabía e imaginaba. •

























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