Marta Beatriz Roque, economista disidente cubana, cansada de luchar en contra de la corriente, ha entrado en una huelga de hambre que ella misma consideró que no pasaría de 48 horas.
¿Qué ha llevado a una mujer de tanta entereza y profundas convicciones políticas a tomar esa determinación fatal? Quizá comprobar con su propia experiencia que los resultados de la lucha pacífica son prácticamente muy pobres. Se consigue muy poco a costa de muchísimo. Laura Pollán parece haber sido eliminada, lo mismo que Oswaldo Payá y tantos otros.
Ver que los actos de repudio y de atropello contra los disidentes son cada vez más crueles. Ver que las Damas de Blanco, con sus valerosas marchas portando gladiolos, han sido ignoradas por el régimen totalitario, también por Benedicto XVI que se negó a recibirlas, y también por gran parte de la población cubana que tal vez por desconocimiento vive ajena a los ideales de libertad y de derechos humanos.
Comprender, viendo dictaduras semejantes como la de Siria, que un régimen opresor sólo podría ser derrocado por las armas, por la fuerza de las balas, después de derramada mucha sangre inocente, tal vez nunca con gladiolos, nunca levantando la voz y exigiendo derechos, nunca desafortunadamente por las buenas.
Marta Beatriz ya no quiere seguir viviendo tantas frustraciones, ya no puede soportar más atropellos, ya no espera ningún logro, ya no espera una verdadera solidaridad internacional comprometida. Ha perdido todas sus esperanzas. Cansada de arar en el mar se ha entregado a un verdadero holocausto que como tal es un sacrificio sin recompensa. Acaso, puede ser un suicidio dirigido por su inconsciente.
Jesús Lázaro
Miami





























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