Sur de la Florida

Un caso extraordinario - ¡no pierda la esperanza!

 

Especial para El Nuevo Herald

Un cordial saludo para usted. Mi esposa y yo somos fieles lectores de su columna por aproximadamente 20 años y hasta el día de hoy me llené de valor para contarle mi situación caótica con Inmigración, que me ha enfermado de los nervios.

Soy cubano, vine nadando hasta la Base Naval de Guantánamo cuando en 1977 tenía 15 años de edad, dejando atrás a mi adorada madre y mis hermanos pequeños. Me mandaron a la ciudad de Portland, Oregon, en donde hice mi vida y me casé con una norteamericana, con la cual procreamos dos hijos. En 1985 cuando me dirigía a una entrevista de trabajo, me dio un ride [un aventón] un amigo mío, sin yo saber que dentro de su carro llevaba cocaína. Nos detuvo la policía y nos llevaron presos por cargo de posesión de drogas; fuimos a un juicio en una corte federal y por que yo no tenía nada que ver con eso, fui encontrado no culpable por un jurado. Un tiempo después me divorcié, me mudé para Miami, y al tiempo conocí a mi actual esposa en los cuales llevamos juntos 22 años y tenemos dos hijos varones, de 19 y 16 años, respectivamente.

En el año 1996 contraté una abogada para aplicar por la Ley de Ajuste Cubano, fui a dar a una corte de Inmigración frente a un juez y, según ellos, hicieron un trato con mi abogada de que me tumbarían unos cargos y me pusieron en orden de exclusión pero que podía aplicar para el ajuste cubano. Desde ese entonces he aplicado por la residencia alrededor de 15 veces pagando los gastos de abogados y de Inmigración, pero todas las veces me la han negado por Discreción ó reason to believe . Al final, apliqué por tener esposa ciudadana americana y recibí la misma respuesta.

También lo consulté con un reconocido abogado llamado Ira J. Kurzban, quien revisó mi caso, se sonrió, y me dijo que lo que estaban haciendo era una injusticia y que la única forma de ganar el caso sería llevarlo a la Corte Federal. Le expliqué que estoy deshabilitado por los nervios y somos una familia de bajos recursos. Trató de ayudarme por medio de un colega para que lo hiciera pro bono pero no tuve suerte.

Amigo, le he escrito a políticos, senadores, congresistas, incluso mi esposa e hijos hicieron carta al Presidente y a la Primera Dama, explicándoles mi situación, que hace 35 años no veo a mi adorada madre quien ya tiene 85 años y me gustaría verla antes que parta con Dios – todo sin obtener respuesta alguna. Yo he sido un buen padre y esposo, incluso ayudo a la comunidad en donde vivo a los jóvenes a salir de las drogas y las gangas enseñándoles deportes (boxeo). Tengo un amigo que es oficial federal de ICE que me ayuda con los muchachos y quien me extendió una carta que explica todo lo que yo hago para mi comunidad.

Me gustaría saber si me puede ayudar en este gran problema que afecta mi salud y mi vida familiar. Me siento frustrado, preso en una jaula de oro, pero sin libertad. Que Dios lo bendiga y le dé mucha salud.

“El Guantanamero”

Miami Beach, Florida

He revisado cuidadosamente la documentación de su caso que usted acompañó a su carta y pienso que, aunque difícil y laborioso, su caso se puede luchar y ganar. Tomo nota también de la opinión positiva que le dio el abogado de inmigración Ira Kurzban -- el más eminente colega que vive entre nosotros, de merecido trayectoria y prestigio nacional, ó más. De ahí que me es fácil unirme a su concepto y bien quisiera tener el privilegio de ayudarle con mi modesta colaboración.

Usted arriesgó su vida nadando a través de las aguas tenebrosas del océano, pero el destino lo envolvió en la oscuridad, algunas veces nefasta, de las leyes de inmigración. Aunque sigo activo en la profesión, mis propios problemas de salud (y mi avanzada edad) me dan que pensar si yo seré su mejor opción al efecto.

Su caso es de mucha lucha. Lo consideraré a fondo y en un par de meses, lo volveré a contactar, según Dios me dé salud y vida. ¡No se desanime y... felicitaciones por su bella familia!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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