Sur de la Florida

Crisis inmobiliaria frustra el sueño de los jubilados

 
 

Marta Carreño,de 70 años, alquila un apartamento de Century Village en Pembroke Pines luego de su hipoteca fuera embargada.
Marta Carreño,de 70 años, alquila un apartamento de Century Village en Pembroke Pines luego de su hipoteca fuera embargada.
Joe Rimkus Jr. / Miami Herald Staff

aveciana@MiamiHerald.com

“Cuando tienes más de 65 años, no es que puedas tomar un segundo trabajo para hacer los pagos”, afirma Debra Whitman, vicepresidenta ejecutiva de política de AARP. “Tus ingresos no cambian mucho. Tienes muchas menos opciones”.

El informe de AARP señaló que los estadounidenses de más edad están acarreando más deuda hipotecaria que nunca antes. Esto significa problemas, porque a menudo el valor adquirido de la vivienda se ha usado para ayudar a pagar facturas médicas o complementar los ingresos fijos en la vejez.

Gerson, de Coast to Coast Legal Aid, agencia que representa a residentes del condado Broward de ingresos bajos a moderados, está defendiendo a Marie Ginise en sus procedimientos de ejecución hipotecaria. Gerson dice que hay cientos de ancianos como Ginise que están atrasados en el pago de su hipoteca, y sin esperanza de ponerse al día. “Se quedan cada vez más atrás”.

Los más afectados son los ancianos de ingresos bajos a moderados. Según AARP, los prestatarios ancianos de clase media con ingresos que van de $50,000 a $124,999 representaron el 53 por ciento de las ejecuciones hipotecarias en el 2011. Los prestatarios con ingresos por debajo de $50,000 representaron el 32 por ciento de todas las ejecuciones hipotecarias en su grupo de edad.

“Las cosas que ellos pueden hacer son limitadas” en el caso de una ejecución hipotecaria, dice Gerson. “Si tienen suerte, tal vez pueden mudarse con algún pariente o alquilar una habitación en alguna parte. Pero la mayoría temen que vana a acabar encerrados en alguna institución en sus años finales”.

Aunque ella tenía la esperanza de que el prestamista reconsiderara la ejecución hipotecaria, a Ginise le preocupa dónde vivirá si el prestamista se niega a modificar su hipoteca. Ella ya pidió a la compañía una oportunidad cuando se enfermó su esposo en el 2007. En ese entonces, el prestamista estuvo de acuerdo en bajar los pagos mensuales pero no le redujo el préstamo. Cuando su esposo murió, en mayo del 2009, el prestamista exigió que ella le pagara lo que le debía durante los dos años de pagos reducidos. Ella no podía permitirse esa suma entonces, y sigue sin podérsela permitir ahora. Mientras tanto, la casa prefabricada de 32 años que el matrimonio comprara por $125,000 hace siete años vale ahora poco más de $40,000, si es que ella pudiera venderla. “Este asunto me está enfermando”, suspira ella.

Myriam Rodgers la puede entender. Ella y su esposo se redujeron a un townhouse en West Kendall en el 2006. En ese momento, hacer los pagos de la hipoteca no era ningún problema. “Creímos que habíamos hecho lo mejor. No teníamos que ocuparnos del césped ni de la piscina”, dijo.

Pero las cosas salieron de otra manera. Luego de un divorcio y de la muerte de su madre, quien estaba ayudando con la hipoteca, Rodgers negoció una modificación de préstamo que le permitía pagar sólo el interés: 2 por ciento durante los primeros dos años y luego 4 por ciento en los otros dos. En el quinto año, los términos negociados exigían que ella empezara a pagar el principal y un interés del 5.75 por ciento. Ahora que se acerca el quinto año, ella se ha dado cuenta de que no puede permitirse el pago con su entrada de Seguridad Social y lo que le paga su trabajo a tiempo parcial.

El valor de su casa también bajó. El townhouse que ella compró por $300,000 vale ahora alrededor de $180,000.

“Yo no le veo futuro a esta casa”, dice Rodgers, de 66 años. “Pero ¿dónde voy a ir?”

Marta L. Carreño, de 70 años, se las arregló para alquilar un apartamento en junio antes de que el banco iniciara el procedimiento de ejecución hipotecaria de su condominio de Century Village en Pembroke Pines. Tuvo suerte de encontrar un lugar donde vivir. “Yo conozco al gerente, así que me hizo un favor. Si no hubiera conocido a nadie, la hubiera pasado muy mal”, dijo. “Mi crédito no es bueno”.

El sueño de su retiro se ha convertido en una pesadilla, agrega. El condominio de dos cuartos que compró en el 2005 por $230,000 vale ahora menos de la mitad de eso. Incluso antes de que su esposo Miguel Ángel muriera en el 2010, el matrimonio había pedido una modificación de su préstamo. Ahora, sin la pensión o el seguro social de él, no hay modo de que ella pueda permitirse conservarlo. En lugar de luchar contra la ejecución hipotecaria, Marta decidió dejar que el banco se quedara con su propiedad.

“Yo vivo en el presente”, dice, con la voz temblorosa de emoción. “Nunca pensé que acabaría de este modo. Lo he perdido todo”.

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