La columna que escribí hace un par de semanas con la carta de una madre hispana preocupada por los recortes a los programas de español en escuelas públicas del Condado de Miami-Dade generó muchas respuestas, para mi sorpresa, en contra de estos programas que deberían hacer a nuestros hijos y nietos verdaderamente bilingües.
Buscando una explicación, hablé con Raquel Regalado, miembro de la Junta Educativa del Condado por el Distrito Seis, que comprende escuelas con estos programas, y me llevé una sorpresa.
“Hemos encontrado que un gran número de padres hispanos no tienen interés en que sus hijos sean bilingües, y no solo me refiero al español sino a otros idiomas que ofrecemos, incluido el mandarín”, me dijo Regalado. “Desafortunadamente, quienes sí muestran interés por los programas bilingües son los padres anglos, que quieren que sus hijos hablen otros idiomas”.
Y ¿qué sucede si los padres no muestran interés por los idiomas? Sencillo. Estos son los primeros programas que se cortan cuando hay problemas de la economía, con otras consecuencias. Si usted cree que no importa, que al final lo aprenden en casa, le tengo malas noticias. Lo que gran parte de estas nuevas generaciones puede aprender en familia los limita a apenas poder pedir una comida en un restaurante.
“Para ser justos, tampoco el Estado de la Florida ha hecho al bilingüismo una prioridad”, afirma Regalado. “Y no solo es el español, sino de todos los idiomas que deben hablarse en un Estado basado en el turismo y donde ser bilingües o trilingües atrae negocios. En Taiwán, por ejemplo, son trilingües y eso es normal ahí”.
Me asombro por lo que escucho y también por el buen español que habla Regalado. Cuando le pregunto a qué edad la trajeron de Cuba, me responde orgullosa, “¡Yo nací aquí!, pero en una familia donde eso era una prioridad. Me crié rodeada por personas que hablaban español, teníamos que leer y escribir español; te portabas mal y tenías que leer en voz alta el diccionario. El gran fallo hoy es que estamos criando una generación que habla muy mal el español y no lo quiere enseñar a sus hijos, mientras los anglos y europeos están haciendo lo opuesto”.
¿Qué hacer entonces para que los niños sean adultos bilingües?
“Hay que comenzar temprano”, responde. “Mientras más temprano mejor. Todas las materias se deben tomar alternadas en el otro idioma y en inglés. Esa la única forma y eso es lo que ofrecemos en nuestras escuelas publicas”.
“Tenemos peticiones de padres que quieren que sus niños aprendan mandarín, alemán, portugués, pero no veo el gran pedido entre los hispanos. No lo he visto y no entiendo por qué”.
La conclusión de la charla con Regalado muestra una triste realidad: “En mi generación ser bilingüe era un beneficio; en la generación de nuestros hijos y nietos no serlo será un impedimento”.•
Coordinador: Luis E. Palacios, Diseño: Aurora Arrue, Colaboradores: María Antonieta Collins, Dra. Arbona, Colombia Páez, Malena Marchán, Simone Cavalletti, Dr. Miguel Garber, Giuliana Nanetti, Giovanna Huyke























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