El XVII Festival Internacional de Ballet de Miami, bajo la dirección de Pedro Pablo Peña (su fundador y director artístico) y la coordinación de Eriberto Jiménez (director asistente del evento), ofreció sus dos últimas funciones este fin de semana.
El sábado tuvo lugar la Gran Gala Clásica de Estrellas en el teatro Jackie Gleason de Miami Beach. El domingo se presentó la Gala de Clausura en el teatro Olympia de Miami.
La Gala del sábado abrió con un homenaje a Heinz Spoerli, merecedor del premio “Una Vida por la Danza”. Los bailarines Sarah Jane Brodberk y Stanislav Jermakov, ambos del Zurich Ballet e intérpretes de la elegante Golberg Variations (la primera obra del programa) lo aceptaron en su nombre.
A continuación, Matti Herrera Bower, alcaldesa de Miami Beach, entregó la Llave de la Ciudad a Peña como un reconocimiento a su contribución a la cultura local. Los asistentes al Gleason se enterarían un poco más tarde que los participantes de Georgia, Filipinas y Bulgaria no habían recibido visa para visitar Estados Unidos (el domingo se agregaron a la lista los bailarines de Turquía).
Así las cosas, la Gala del sábado resultó ser más breve que lo acostumbrado. Entre los pas de deux del repertorio de ballet tradicional ( Cascanueces, Coppelia, El corsario, Giselle y Don Quijote) se intercalaron piezas coreográficas más modernas, incluso contemporáneas, y éstas fueron lo mejor de la noche.
Sobre todo, el solo Bata, ejecutado con precisión por el bailarín italiano Lucca Giaccio (del Ballet de la Opera de Roma) y el dueto Manón, interpretado con entrega absoluta por Alihaydée Carreño (una favorita del público de Miami) y el joven Marcos David Rodríguez Céspedes, ambos representando al Ballet Nacional Dominicano.
Lamentablemente, hay que reseñar que las obras de repertorio se han adaptado tanto a las posibilidades de los ejecutantes y a los objetivos de los programas concierto que el resultado elude la crítica porque han sido transformadas en experiencias insustanciales de donde han desaparecido muchos de los detalles que definieron su esencia estilística original.
La función del domingo comenzó con el premio “Crítica y Cultura del Ballet” para Rene Sirvin (Francia), que sí estuvo presente.
Inmediatamente después, algunos artistas repitieron con la misma obra y otros se repitieron aún ejecutando un trabajo diferente. Los miembros del grupo Vortice Dance Company de Portugal abordaron la política y el propio festival se convirtió en acontecimiento político con el debut en Estados Unidos de los más recientes bailarines cubanos disidentes, Milena Rodríguez y Julio Concepción.
Para finalizar, debemos reconocer que las ovaciones más entusiastas del domingo fueron para el tango de Nadia Muzyca y Federico Fernández, del Ballet Estable Teatro Colón (Argentina) y el despliegue acrobático de Yuka Oba y Kyohei Yoshida, del Grand Rapids Ballet. Seguidos de cerca por los brasileños Claudia Mota da Silva y Denilson Vieira y la pareja del American Ballet Theatre integrada por Cassandra Trenary y Joseph Phillips.•




























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