Con un sentimiento firme y conmovedor han sido escritos los ensayos recogidos en el libro Acuerdos, desacuerdos y recuerdos, de José Ignacio Rasco (Ediciones Universal, Instituto Jacques Maritain de Cuba). La firmeza está en los ideales de Rasco de toda su vida: una visión de la democracia cristiana como solución de los problemas políticos y sociales en un mundo que se debate entre el capitalismo y el comunismo, sobre todo durante la Guerra Fría. Lo conmovedor de sus reflexiones se cifra en la esperanza que vertió en estos ideales desde el principio, aun en una fecha poco promisoria, ya que Fidel Castro había llegado al poder. Esto se revela en su ensayo El V Congreso Internacional de la Democracia Cristiana (publicado en la revista Bohemia, de La Habana, el 6 de diciembre de 1959).
El movimiento, decía Rasco, incluía a todas las religiones y hasta a los ateos. Lo importante es que sus adeptos estuvieran de acuerdo con su ideario: “Sin indiferencias liberales, sin terrores totalitarios, con propósitos de solidaridad fraterna para un mundo mejor”.
José Ignacio Rasco no se encuentra bien, cosa que nos consterna. No pudo leer sus propios pensamientos en el homenaje que le hizo el Instituto Jacques Maritain, que él fundo, y el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos, de la Universidad de Miami, en cuya sede se celebró el acto. Pero allí estaban y hablaron por él sus más fieles amigos: entre ellos, el reverendo Ernesto Fernández Travieso y Uva de Aragón, que escribió el prólogo, y dijo en su presentación que Rasco fue un embajador sin credenciales, un maestro de varias generaciones de cubanos y una figura internacional de la democracia cristiana.
Carlos Alberto Montaner presentó el libro; Pedro Ladislao Guerra, presidente del IJM, sirvió de moderador, y Silvia Pedraza, que entrevistó al autor en 1998, explicó las circunstancias. Estaban los editores: Juan Manuel Salvat, pronunciando la bienvenida, y su esposa Marta Salvat, su constante colaboradora. También se encontraba María Cristina Zarraluqui, que compuso los textos.
ENFRENTAMIENTO CON FIDEL CASTRO
Algunos de los ensayos son de 1959 y 1960, y muestran los comienzos del autor en el espacio público cubano y su valentía en enfrentarse a Castro, incluyendo una carta del 30 de diciembre del 59 en que le dice a quien entonces era sólo primer ministro: “Usted se refirió al MDC como un grupo integrado por latifundistas, politiqueros o garroteros. Como no puedo admitir la hipótesis de que usted es un demagogo o un falseador de los hechos, tengo que decirle que tenía usted aquella noche mala información sobre el movimiento”. No en balde tuvo Rasco que salir de Cuba en abril de 1960.
Una extensa semblanza de Fidel Castro, su compañero de curso en Belén y en la Universidad de La Habana, es uno de los ensayos. Es la mejor descripción que he visto del totalitario cubano: “Si Luis XIV podía decir que L’Etat c’est moi, Castro podría reclamar La Revolución c’est moi [la Revolución soy yo]”. “Actor teatral más notable del siglo XX”, lo llama Rasco, “con un innegable carisma y talento para la intriga, el suspenso y el engaño más refinados”.



























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