Quedan pocos días para las elecciones en Venezuela y el furor alrededor de Henrique Capriles me contagia de forma virulenta, mas cuando toco piso mi euforia se desvanece al recordar que se va a enfrentar a un presidente cuyo talante no es democrático y que además tiene todo el control de los poderes públicos venezolanos incluido el electoral. Será titánico poder vencer cualquier escamoteo chavista el 7 de octubre.
Mientras escribo esta columna escucho a Capriles desligarse vehementemente de uno de sus colaboradores que fue comprado por el chavismo para hacerle daño a su campaña. Su rápida respuesta y su discurso acrecientan mi respeto hacia el candidato opositor y por eso quiero seguir apostando a la esperanza de que Capriles sea el nuevo gobernante de Venezuela, una tierra que merece retomar su camino democrático y volver a la senda del progreso.
Capriles tiene todas las facultades para hacerlo. Lo conozco personalmente desde que llegó a ser presidente de la Cámara de Diputados de la Asamblea Nacional cuando prácticamente era un adolescente. Varias veces lo entrevisté y muchas otras lo vi tras bastidores desempeñando su cargo que nunca, a pesar de su inexperiencia política, le quedó grande.
Capriles siempre ha dado la impresión de ser un joven tímido e indefenso; sin embargo, nunca dejó de ser activo, jovial e integrado a cualquier grupo. Incluso una de sus primeras novias fue una mujer reconocida y querida en todos los medios audiovisuales venezolanos, quien lo pulió y le permitió aprender a estar y sentirse a gusto en todos los ambientes sociales.
Capriles además siempre salía airoso frente a los retos que laboralmente se le presentaban e incluso fue un preso político del gobierno de Chávez cuando se desempeñaba como alcalde del municipio Baruta, en la capital.
Ese episodio que graduó a Capriles como promesa política lo vivió en el 2002, cuando Hugo Chávez renunció a su cargo por haber activado el plan Ávila, con el cual ordenó a los militares disparar a mansalva contra una multitud de venezolanos que se dirigían al palacio de Miraflores a pedir su renuncia, donde murieron 19 venezolanos ( historia que cambió el oficialismo a su antojo, asegurando que fue un golpe de estado en su contra).
Tras esos hechos el poder judicial venezolano controlado por Chávez acusó a Capriles de haber permitido el asalto a la embajada de Cuba en Venezuela, por parte de un grupo de venezolanos que irrumpieron violentamente y exigían la salida del país del cónsul cubano, Germán Sánchez Otero.
Durante ese evento Capriles se presentó en la sede diplomática para evitar un derramamiento de sangre y fue utilizado por el gobierno parar desarticularle su prominente carrera política acusándolo y castigándolo con 2 años de cárcel, que fueron duros pero fortalecedores para el joven alcalde.
Muchos amigos de Henrique me aseguran que de esa prisión Capriles salió muy cambiado. Evidentemente ese encierro injusto, donde incluso le negaron hasta el contacto con la luz del sol , lo hicieron madurar de la noche a la mañana y de esas cuatro paredes renació un político que con paso firme fue cambiando poco a poco su imagen juvenil para presentarse como toda una promesa política e incluso le ayudó a captar a millones de seguidores que hoy lo apoyan como el posible próximo presidente de Venezuela.
En mi última entrevista que le realicé aquí en Miami en enero del 2012, me mostró su simpatía, su madurez, su jovialidad, su astucia y su afabilidad.
Hoy lo veo en cada acto, en cada recorrido que hace por los rincones de Venezuela y veo a un señor de un sólido pensamiento democrático e incorruptible. Estoy seguro de que va a ganar y que tiene los votos para hacerlo. La duda es si Chávez le reconocerá esos votos y le entregará la presidencia. Le deseo suerte a Capriles. Indiscutiblemente, es el camino.
Periodista venezolano.





























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