Recientemente los norteamericanos han atravesado otra conmemoración de un triste 11 de septiembre, fecha en que tuvo lugar el acto terrorista más espeluznante de toda la historia de Estados Unidos. Los lectores conocen los hechos ocurridos ese día, así que obviaré entrar en detalles. Solo pretendo resaltar el ejemplo que da este país cuando al analizar y valorar hechos criminales, el pueblo norteamericano sabe despolitizarse y lo mismo republicanos, demócratas e independientes rechazan la violencia y el terrorismo. También aquella salvaje acción de un norteamericano que voló un edificio del FBI en la ciudad de Oklahoma fue condenada tanto por demócratas como por republicanos. Esa postura es de admirar.
Entre los cubanos es diferente. Cada parte condena el terrorismo ejercido contra ellos y no el que ellos ejercen contra la otra. Definitivamente nos falta esa altura cívica y crecimiento ciudadano. Si tiene alguna duda el lector de la afirmación anterior, observe lo siguiente: este 2012 se cumplieron 15 años del lamentable asesinato del joven italiano Fabio Di Celmo, víctima de una bomba mandada a poner en un hotel turístico de la ciudad de La Habana por un terrorista; sin embargo, en el Miami cubano, ni en la parte disidente o de la naciente sociedad civil cubana se ha condenado ese atroz crimen. Se tapa, se calla, o lo más triste, se justifica.
Igual sucede en la parte gubernamental y en sus aliados. Todos los medios de prensa de Cuba oficiales y no oficiales (si le damos el beneficio de la duda a blogs y emisoras independientes o alternativas) condenan las salvajes acciones de la “contrarrevolución”, pero ninguno condena las de la “revolución”. Todavía es un sueño y un anhelo ver el día en que un medio de prensa, o un periodista dentro de Cuba, o un simpatizante fuera reconozca y condene el hundimiento del remolcador 13 de Marzo, abarrotado de niños, mujeres y civiles, fue un crimen de estado, o aquel asesinato express en menos de 24 horas donde fueron fusilados 4 jóvenes cubanos (que no mataron, ni provocaron muertes) solo para dar un escarmiento a la inmensa población que quería irse de Cuba en lo que fuera. En las dos partes ha prevalecido el error: si estás conmigo lo que haces no es crimen, ni terrorismo, es patriotismo.
El uso de la violencia para resolver conflictos nacionales es parte de la historia de Cuba. La deficiente cultura política se arrastra de generación en generación. ¿Se quieren acciones más terroristas que muchas de las realizadas por el movimiento 26 de Julio en la década de 1950? Urselia Díaz Báez, una joven de esa organización, muere en el baño público del cine América de la avenida Galiano, en La Habana, cuando fue a poner una bomba. No le dio tiempo a irse antes de que la bomba estallara. Todavía hoy todos los años se le rinde homenaje oficial.
Sin embargo, los contrarios a los desmanes de Fidel Castro y que utilizaron los mismos métodos del 26 de Julio después de 1959 fueron fusilados o encerrados en prisión por decenas de años.
También después de 1959 muchos jóvenes cubanos llenos de idealismo y valentía se sumaron a grupos de sabotaje pensando que hacían buenas acciones por la patria.
El mundo evoluciona y los cubanos debemos evolucionar. Espero que los cubanos sepamos cerrar definitivamente la página final de un largo y penoso capítulo de la historia de Cuba.
Deberíamos enterrar hasta la desagradable violencia verbal.



























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