St. Paul, Minnesota -- El año pasado, 4,720 personas murieron mientras esperaban por un trasplante de riñón en Estados Unidos. Y sin embargo, en cada uno de los últimos cinco años, más de 2,600 riñones fueron recuperados de donantes fallecidos y luego descartados sin ser trasplantados, según datos del gobierno.
Esos órganos acabaron por lo general en un laboratorio de investigaciones o en un incinerador de desechos médicos.
En muchos casos, órganos que parecían prometedores resultaron tener problemas.
Pero muchos expertos están de acuerdo en que un número significativo de riñones descartados quizás incluso la mitad, según creen algunos hubieran podido ser trasplantados si el sistema de distribución hubiera hecho corresponder el órgano debido con el receptor debido en el plazo debido.
El proceso actual es ineficiente, afirman, debido al anticuado programa computarizado de correspondencia, la asfixiante supervisión del gobierno, la dependencia excesiva de los médicos en pruebas poco concluyentes e incluso leyes federales contra la discriminación por edades.
No hay duda de que órganos que podían ayudar a alguien y tener algún beneficio para la sobrevivencia de los pacientes se descartan todos los días, dijo el doctor Dorry Segev, cirujano de trasplantes de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.
Durante 25 años, la lista de espera por donantes difuntos de riñones que el miércoles llegaba a 93,413 se ha mantenido obstinadamente plantada en una política federal que equivale básicamente a servir primero al que primero llegue. Según lo diseñó la Red de Obtención y Trasplante de Organos del gobierno, que es manejada bajo contrato federal por la agencia sin ánimo de lucro United Network for Organ Sharing (Red Unida para Compartir Órganos), el sistema se considera simple y transparente. Pero muchas personas en ese campo alegan que desperdicia oportunidades preciosas para el trasplante.
La comunidad de trasplantes ha luchado durante años con el problema de que se descarten riñones viables. Pero la política de racionamiento, en la que cualquier redistribución crea ganadores y perdedores y hay mucho que ganar y que perder, ha frustrado todos los esfuerzos de revisión. Ocho años después de que United Network for Organ Sharing encargara a su comisión de trasplante de riñones que mejorara el sistema, no ha habido cambio alguno.
El viernes, la comisión planea circular una nueva propuesta que dejaría intacto el sistema en su mayor parte. El 20 por ciento principal de los riñones se haría corresponder con los candidatos con más expectativas de supervivencia, lo cual pone en desventaja a los pacientes de más edad. Pero el 80 por ciento restante se designaría primariamente a partir del tiempo que se haya pasado en la lista de espera.
John J. Friedewald, el presidente de la comisión, dijo que era imposible quedar bien con todo el mundo al asignar recursos limitados.
Queremos mantener un acceso igualitario y manejar mejor los riñones disponibles, dijo. Pero cambiar ligeramente el sistema de distribución y conseguir que otros 10,000 años de vida puedan ser vividos, ¿qué es lo que vale? ¿Vale disminuir ligeramente el acceso a ciertos grupos de personas? Eso es lo que tratamos de decidir una y otra vez.





























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