La colombiana Daniela Peláez estuvo al borde de la deportación hace unos meses, hoy estudia en una universidad privada y es la imagen de una fundación que ayuda a otros jóvenes indocumentados que, como ella, claman por la aprobación de leyes que permitan legalizar su situación en Estados Unidos.
Su caso generó una ruidosa protesta de sus excompañeros de una escuela secundaria en Miami que logró captar la atención de los medios de comunicación, colocando de nuevo en el tapete el tema de los estudiantes sin estatus y la necesidad de brindarles un alivio migratorio con el proyecto Dream Act.
Mi caso y las protestas fueron un recordatorio a los políticos para que no se olviden que estamos aquí y necesitamos una solución, es un problema grave y nacional, dijo a Efe la joven de 18 años.
Nacida en Barranquilla , Colombia, llegó a Miami en 1999 con sus padres que abandonaron la nación andina en búsqueda de un futuro mejor para sus tres hijos, pero trece años después el porvenir se ensombreció para la joven y su hermana Dayana, de 26 años.
Peláez, una brillante alumna que estudia ahora biología en Dartmouth College, en New Hampshire, desconocía lo duro y temeroso de ser indocumentado en el país donde se han implementado leyes antiinmigrantes en algunos estados.
Lo supo cuando un juez de inmigración emitió una orden de deportación contra ella y su hermana.
Yo no sabía de mi condición de indocumentada hasta que en el 2003 empezamos el proceso de inmigración (para legalizar su situación) con nuestro padrastro, un cubanoamericano, y no lo entendí tanto, hasta después del 2006 cuando mi mamá se tuvo que ir a Colombia. Ahí sí me di cuenta de lo grave que era, relató.
Pero al recibir la orden de deportación, el miedo y la incertidumbre se apoderaron aún más de ella.
Sentí bastante miedo y no sabía qué estaba pasando. No había nadie para explicarnos y no teníamos abogado en ese tiempo. Fue un momento de mucha incertidumbre, recordó.
La joven arribó al país a los cuatro años de edad, se esforzó por ser la mejor estudiante y lo logró: Peláez tiene un elevado GPA de 6.7 (promedio académico acumulativo).
En ese momento era parte del llamado Sueño americano del que despertó abruptamente al recibir en febrero pasado una orden de salida voluntaria del país por violar involuntariamente las leyes de Inmigración cuando sus padres las trajeron a Estados Unidos siendo menores de edad y decidieron quedarse al vencerse su visado de turistas.
Peláez consideró injusto que la obligaran a marcharse cuando no fue su decisión quedarse sin estatus y menos cuando crecí aquí y Estados Unidos es el único hogar que yo conozco.
Funcionarios, abogados, organizaciones pro inmigrantes y congresistas salieron en su defensa y las autoridades de Inmigración le concedieron a la joven y su hermana una acción diferida: suspendieron su deportación durante dos años.
Casi de inmediato, Peláez comenzó a reunirse con legisladores en el Congreso federal para contar su historia y crear conciencia sobre la importancia de aprobar, al menos, el proyecto Dream Act que permitiría la legalización de miles de jóvenes estudiantes indocumentados.





























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