Por supuesto que cualquiera, no importa la religión, origen nacional, raza o los miembros de cualquier grupo que compartan características que les identifiquen, están en todo su derecho de indignarse, exasperarse y demostrar su enfado cuando alguien se mofa de lo que consideran sacro o fuera de los límites de la burla.
La reciente divulgación de una película producida, casi de modo artesanal, por un productor independiente y desconocido, mostrando a Mahoma de manera irrespetuosa e insultante, así como sucedió con unos cartones cómicos de televisión dados a la luz en Dinamarca en años recientes, o la película alemana del 2006 donde se caracterizó y presentó a los musulmanes como la fuente de todo el terrorismo mundial, han provocado la indignación y el malestar de miles de creyentes a lo largo y ancho del planeta, lo cual es justificable pues tienen todo el derecho a demostrar (de modo civilizado) su desacuerdo. No solamente eso, además tienen la prerrogativa de montar una campaña mundial demostrando su punto de vista y desasociando a la mayoría de sus seguidores del terrorismo, el crimen indiscriminado y la violencia. Al mismo tiempo que reafirmar que como seres humanos merecen que su religión sea respetada y se eliminen los prejuicios contra un conglomerado compuesto por más de 1,300 millones de personas presentes en todos los confines de la tierra.
Lamentablemente, eso no es lo que ha sucedido. Por el contrario, a mi modo de ver, dirigidos y manejados por individuos de la peor ralea, y las peores intenciones, las masas musulmanas se han desbordado en manifestaciones de violencia, odio, destrucción y muerte en lugares como Libia, Egipto, Túnez, Pakistán, Australia, Irán, Irak, Líbano, la Franja de Gaza, la Margen Occidental del Jordán y Afganistán e, incluso, Inglaterra, Bélgica, Francia y Alemania.
Los manifestantes expresan abiertamente su odio hacia Estados Unidos, Israel y Occidente en general. Irónicamente, es de común conocimiento que todas las dictaduras, monarquías y satrapías existentes en el Medio Oriente antes y después de la llamada “Primavera Árabe” han sido y son, en buen grado, apoyadas y sostenidas por Estados Unidos y Occidente. Los manifestantes, en la mayoría de los casos radicalistas islámicos, simpatizantes de la doctrina de la Hermandad Musulmana, con razón identifican a Occidente como cómplices de dichos gobiernos totalitarios y están exigiendo la desasociación de Occidente de los mismos.
¿Fue realmente esa estúpida película la causa de este desastre? No lo creo. Desde el desmantelamiento de las fuerzas armadas de Hussein en Irak, el comienzo y conclusión de la llamada “primavera” en Túnez, Egipto, Yemen y Libia miles de hombres entrenados militarmente han dejado de estar afiliados a un ejército regular y se han afiliado a todo tipo de grupos insurgentes, sindicados o no, con organizaciones como Al Qaida, Hamas, y Hezbolá y actúan en coordinación con las mismas o de modo independiente pagados por el mejor postor.
¿Fue un hecho fortuito el ataque al consulado en Bengazi y el cruel asesinato del embajador Stevens? Según las informaciones más corroboradas y el reconocimiento del Departamento de Estado norteamericano, se sabe que el ataque fue efectuado por una fuerza de alrededor de 150 hombres, vinculados con Al Qaida, fuertemente armados incluso con armamento antitanque. Lo más probable en celebración del horrible ataque terrorista del fatídico 11 de septiembre del 2001.
Lo cierto es que Occidente está condenado. Es evidente que la postura que sostiene frente a estos facinerosos no corresponde con lo requerido, incluyendo al gobierno iraní, propulsor, sin duda, de este tipo de eventos.
El enemigo que enfrentamos hoy es diferente a cualquier otro del pasado. Saben cómo y utilizan las libertades y beneficios que Occidente les brinda para destruirlo. No temen morir pues creen que después de la muerte les espera una existencia principescamente placentera. Por otra parte, la izquierda se inclina ante ellos y les sirven como facilitadores. El mundo políticamente correcto que vivimos ahora hace más difícil nuestra defensa. Para ponerle la tapa al pomo, como dicen en mi tierra, la tasa de natalidad de Occidente disminuye drásticamente mientras que la de nuestros enemigos crece sin mostrar signos de disminución. Hitler casi conquista Europa, los norteamericanos lo impidieron. ¿Se repetirá el milagro? ¿Aún tenemos la vocación de luchar contra el totalitarismo dondequiera que este ocurra? Bienvenidos al futuro. Trágicamente. ¿A usted no le parece? A mí sí.


























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