Las niñas son las reinas de la Casa Blanca. Hace 20 años que no hay hombrecitos en el 1600 Pennsylvania Avenue. Bill Clinton fue quien inauguró la diminuta dinastía femenina, con su hija Chelsea, que no tuvo contrincante por ser su único vástago. Luego llegó George W. Bush con sus inquietas jimaguas Barbara y Jenna y, finalmente, el actual inquilino Barak Obama con la traviesa Sasha y la reflexiva Malia.
Chelsea Victoria Clinton, nació el 27 de febrero 1980 y llegó con 12 años a la mansión presidencial. Su padre estuvo en la presidencia del 1993 al 2001. Entonces su mamá no andaba tan ocupada como ahora, siendo secretaria de Estado.
Hace unos días la gran prensa la eligió como la madre más poderosa del planeta. En ese momento, Hillary era solamente la Primera Dama y, por supuesto la mamá de Chelsea. La pequeña no dio problemas a sus padres, resultó obediente y estudiosa. Fue su padre el de los dolores de cabeza, con el escándalo de la becaria Mónica Lewinsky.
Por suerte, su madre, que ya se perfilaba como gran diplomática, pudo sortear la situación y la familia salió victoriosa y ni siquiera se afectaron los estudios de la joven: terminó su carrera en la Universidad Stanford, de California, y su licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad de Oxford, con excelencia académica.
Al graduarse, comenzó a trabajar en NBC News como corresponsal especial y después logró un buen puesto como ejecutiva en la empresa de fondos de inversión Avenue Capital Group. Tenía en ese momento 26 años. Dos años más tarde, Hillary tuvo tiempo para lanzarse al ruedo político en grande, aspirando a la presidencia. Nunca una mujer llegó tan lejos como ella en tales propósitos.
Luego para satisfacción de sus mayores, Chelsea contrajo matrimonio como Dios manda con el banquero de origen judío Marc Mezvinsky. Claro, por el camino la joven tuvo la oportunidad de rechazar fabulosas ofertas, como la de un keniano que daba la dote por su mano de 20 vacas y 40 cabras.
Ahora Hillary dice que dejará la vida política para dedicarse a cuidar de sus nietos. Y no hay indicios de que la hija de los Clinton siga el camino de sus padres, dedicándose a la política.
Las hijas de George W. y Laura Bush: Barbara y Jenna
Barbara, la trigueña, y Jenna, la rubia, eran unas jovencitas cuando su papá George W. Bush juró la presidencia en el 2000. Nacieron el 25 de noviembre de 1981. Luego no residieron todo el tiempo en la Casa Blanca (el mandato de su padre duró hasta el 2009) pues estaban estudiando: Barbara en Yale y Jenna en la Universidad de Texas. De todas maneras, traviesas como su padre —son muchas las anécdotas de George tanto que la prensa trató de ridiculizarlo calificando sus desaciertos o situaciones cómicas como “bushimos” (“buchismos”)— varias veces las sorprendieron escapándose de la mansión, poniendo así en aprietos a los agentes del servicio secreto presidencial y sacando de sus casillas a su inconmovible madre Laura.
Las gemelas en cierta medida están retratadas en el filme Una hija diferente, de Forest Whitaker, cinta del 2004. La prensa le dedicó mucha atención a Barbara quien fue arrestada por beber alcohol sin tener la edad requerida y usar el carnet de su abuela para tratar de comprarlo. También la joven saltó a los primeros planos por sacarle la lengua a los fotógrafos en una parada de la campaña del 2004, lo que le valió una reprimenda pública de su madre. Pero sin duda alguna los momentos de mayor peligro en la mansión presidencial fueron los vividos por Barbara y Jenna. La situación de caos y pánico producido por el ataque terrorista a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001 puso en alerta a todo el país e hizo redoblar las medidas de seguridad en la Casa Blanca.





























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