Algunos prefieren decir las verdades en privado, aunque como han descubierto recientemente el candidato Mitt Romney y la princesa inglesa Kate Middleton eso de la privacidad ya no existe. En cambio, hay otros que llaman a las cosas por su nombre en público, entre ellos Bill Renfrow el director del departamento de aguas y alcantarillado de Miami Dade, que lleva mucho tiempo advirtiéndole a sus jefes en la comisión y la alcaldía que se avecina la tormenta perfecta.
La semana pasada Renfrow soltó en público la bomba de los $12 mil millones durante una reunión del comité de infraestructura del condado, dejando atónitos a los comisionados presentes y a los contribuyentes que al día siguiente leyeron la noticia en el periódico. Doce mil millones de dólares, casi el doble del presupuesto anual del condado, es lo que según Renfrow costará reparar y modernizar el complejo sistema de tuberías que desde hace medio siglo nos trae el agua que bebemos y se lleva nuestros desperdicios.
Ahora está más claro que mientras los responsables del condado se lanzaban a financiar con fondos públicos el nuevo estadio de pelota o a construir la arena de los Heat se ignoraba la creciente crisis en el servicio del departamento de aguas y alcantarillado cuyo servicio afectan directamente a la salud, la economía y en definitiva a la capacidad de mantener la vida de los seres humanos en esta parte del planeta.
Renfrow ha puesto sobre la mesa montañas de evidencia para concluir que muchos residentes de Miami-Dade que están a punto de navegar por ríos de excremento porque las tuberías de nuestro sistema de agua y alcantarillado revientan cada dos por tres. Más de 65 graves reventones que pusieron en las calles miles de galones de aguas sucias han ocurrido en los últimos dos años. Nada mejor para acabar con el turismo, el motor de nuestra economía, que la imagen de las calles de Miami Beach inundadas por aguas fétidas. Como me contó la subdirectora del departamento de aguas y alcantarillado Bertha Goldenberg, más de 6 mil kilómetros de tuberías subterráneas de Miami-Dade tienen más de 50 años de antigüedad. La creciente población y el boom de la construcción ponen cada día más presión a un sistema que no da más.
También hay un problema medio ambiental y un mandato federal que requieren soluciones costosas. Hasta hace unos 20 años los millones de galones de aguas negras que producimos eran descargados, tal cual sin ningún tratamiento, en el mar a unas tres millas de la costa. Hemos aprendido que la marea nos devuelve buena parte de lo que arrojamos en el mar. Como decía el capitán Jacques Costeau, el mar es la alcantarilla del planeta. Leyes federales aprobadas en la última década tratan de poner remedio al problema protegiendo playas y peces. Las normas federales han forzado que nuestro condado invirtiera $1,800 millones en plantas para procesar y limpiar las aguas negras antes de descargarlas en el océano. A partir del 2025, la ley federal no permitirá más descargas al mar obligando que todas las aguas negras sean procesadas y recicladas en tierra, lo que requiere la construcción de nuevas plantas a un coste elevadísimo.
Durante años el director del atribulado departamento de aguas y alcantarillado ha clamado en el desierto. La falta de liderazgo y responsabilidad en un tema tan importante donde los políticos se pliegan a una mala gestión y prefieren estadios en vez de arreglar las alcantarillas.
El alcalde Giménez dice que quiere arreglar el problema. Ha destinado más fondos al departamento de aguas y alcantarillado y admite que para costear el monumental rescate habrá que emitir bonos e incluso aumentar las cuotas de los usuarios. También esta negociando con la FPL para que la compañía utilice aguas negras recicladas en el enfriamiento de la planta nuclear en Turkey Point.
La verdad suele caer como un jarro de agua fría deshaciendo las ilusiones de muchos. Es muy probable que durante los próximos 7 años todos paguemos mucho más porque nuestros representantes en el gobierno condal no se atrevieron a decir en público que hay que invertir en la infraestructura básica de aguas.
No hay que ser sabio, solo un poco viejo, para entender que todo lo que vale la pena en esta vida, desde el amor hasta el alcantarillado, es complejo, caro y requiere mantenimiento.

























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