JUPITER, Florida -- Cuando Andy Paz dejó atrás a Cuba con apenas 14 años jamás soñó que a su llegada a la ciudad luz, París, se reencontraría con la pasión que había sido el centro de su vida en la isla.
Me impresioné porque no pensé que en Francia había béisbol. Obviamente no se puede comparar con el que se juega en Estados Unidos o en Cuba, pero para las pocas personas que lo juegan diría que hay bastante calidad, señaló Paz, uno de los tres cubanos que pertenecen a la selección nacional de Francia que disputa el clasificatorio del Clásico Mundial en el estadio Roger Dean de esta ciudad.
Tal como en otros ámbitos de la vida, la diáspora cubana ha permitido que los jugadores de la isla alcancen destinos tan exóticos en términos de este deporte como Francia, España y Alemania, entre otros países del viejo continente.
Y aunque la liga gala quizás no tenga el nivel de los circuitos del Caribe, sí existen facilidades capaces de atrapar a cualquier jugador cubano.
Otro de ellos es Ernesto Martínez.
Figura clave con un jonrón en el séptimo juego de la final del 2002 en el que Holguín logró el primer título de su historia, Martínez se casó con una ciudadana francesa y en el 2007 partió a París, donde tuvo una gran sorpresa.
Yo sabía que había béisbol allá, pero lo que me sorprendió fueron las facilidades. Crees que porque no es un deporte importante allá te vas a encontrar carencias y eso no es así, apuntó Martínez, quien juega para Sénart, de la División Elite. Hay cinco o seis estadios con grama artificial. Tienen los medios y al final es un país desarrollado y eso se ve en las instalaciones.
El desarrollo, según Martínez, se nota desde el momento en que se pisa el suelo francés.
Cuando llegas te dan curso gratis de francés. Te adaptas rápido, informó. Quizás el salario no sea alto porque el gobierno es el que le da el dinero a los clubes. Pero un [jugador] importado de nivel puede ganar unos 3,000 euros al mes y te pagan la casa y el transporte para circular en París. Y en mi caso me dan cuatro boletos al año para Cuba.
Leonel Céspedes también cayó en cuenta de lo diferente que sería su vida apenas pisó la capital gala. Nativo de La Habana le impactó el frío, la comida y la manera de ser del francés.
La vida no tiene nada que ver con Cuba. Las personas son más frías. Al principio no comía mucho. El idioma también es difícil, pero cuando uno está obligado a aprender hay que hacerlo, sentenció. Al final me adapté y en cinco meses ya estaba hablando francés.
Menos difícil fue la adaptación para Néstor Pérez y su familia, que tomaron rumbo a España.
Nos mudamos para allá y nuestra labor principal fue enseñar el béisbol en España y mostrar que es un deporte grande y bonito, comentó Pérez Jr., de 35 años e integrante del conjunto ibérico en el Clásico Mundial.
En 1997, los Pérez crearon uno de los equipos más conocidos en el béisbol en Europa, los Marlins de Tenerife.
Le pusimos los Marlins porque es un equipo de Florida, el equipo que representa a los cubanos en Miami y porque ese año ganaron [la Serie Mundial], explicó Pérez, quien jugó en las Menores con los entonces Devil Rays de Tampa Bay.
En las Islas Canarias, los Pérez se encontraron con un ambiente ideal, no sólo para desarrollar el béisbol, sino también un estilo de vida acorde a lo que buscaban.
Tenerife es, en España, lo más parecido a Cuba, por el clima, por la gente, por la forma de hablar, no arrastran la Z. La vida es tranquila, la de la siesta, la de trabajar, pero saber descansar. Me encanta España, añadió.
Pero en cualquier recoveco del mundo, la isla está presente en el corazón de los peloteros cubanos. Y también lo está un persistente espíritu de superación.
Extraño a muchos de mis amigos, a mi familia, admitió Paz. Pero ya estoy adaptado. Hablo el idioma y me encanta la comida. Hoy en día la vida que llevo me gusta.
Siga a Luis E. Rangel en Twitter: @luirangel




























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