Estados Unidos

Ex propietario

 

NYT

De la manera en que Kevin McClatchy vio las cosas, tenía que escoger. Podía realizar su sueño de presidir un equipo deportivo profesional de las Grandes Ligas, o podía declarar abiertamente su sexualidad. Los dos caminos no se entrecruzaban.

Se decidió por el deporte y en febrero de 1996, a los 33 años, se convirtió en el propietario más joven en el béisbol de las Grandes Ligas al encabezar un grupo de inversionistas que compró los Piratas de Pittsburgh. Durante los siguientes 11 años, fue el managing general partner y presidente ejecutivo del equipo, además de su rostro público. Y durante todo ese tiempo, hizo todo lo posible por no dejar que sus jugadores, los propietarios de otros equipos o nadie fuera de un pequeño círculo de familiares y amigos supieran que él era gay.

Renunció a los Piratas en el 2007, pero le tomó cinco años llegar a un punto en que se pudiera sentir incluso remotamente cómodo en sentarse con un periodista, como lo hizo conmigo recientemente en su casa, unas 50 millas al este de Pittsburgh, para hablar sobre su vida privada. El secreto es un hábito difícil de romper. Y el mundo del deporte profesional, al cual él está todavía vinculado, no está exactamente lleno de hombres y mujeres gays declarados y orgullosos de estarlo.

En cierta ocasión sacó algunas cuentas. Durante las últimas cuatro décadas, dijo: “Decenas de miles de personas han jugado béisbol profesional, lo mismo en las Ligas Menores que en las Grandes Ligas. Ni uno solo de ellos se declaró y dijo que era gay mientras todavía jugaba”.

Y tampoco lo ha hecho ningún jugador en las ligas principales de football, baloncesto o hockey, los otros tres principales deportes profesionales de Estados Unidos. Ese silencio es un recordatorio crucial y aleccionador de que, a pesar de todo el progreso reciente hacia el matrimonio entre personas del mismo sexo y todos los gays y lesbianas que aparecen en los programas de televisión, sigue habiendo en ciertos ambientes un fuerte estigma asociado con la homosexualidad.

Entrenadores, gerentes y jefes corporativos en esos cuatro grandes deportes se muestran tan renuentes a declararse como los jugadores. Rick Welts salió en la primera plana de The Times el año pasado cuando, como presidente y presidente ejecutivo del equipo de béisbol de los Suns de Phoenix, reveló que era gay

McClatchy, cuya entrevista con The Times fue su primera admisión pública de su orientación sexual, podría hacer mucho bien. Sigue siendo bien conocido en el mundo del béisbol — ha estado asesorando informalmente al alcalde de Sacramento, ya que la ciudad está interesada en tener un equipo de Grandes Ligas — y es el presidente de la junta de McClatchy Company, la cual publica más de dos docenas de periódicos, incluyendo The Miami Herald y The Sacramento Bee.

Y los deportes profesionales brindan una frontera en la cual se podría hacer un bien considerable. Una de las razones en que se ha prestado tanta atención últimamente a declaraciones sobre homosexualidad, tanto solidarias como despectivas, de parte de prominentes atletas del sexo masculino es que ellos habitan un terco bastión de la masculinidad definida por reducción, y muchos jóvenes impresionables siguen su ejemplo. Si sus héroes dejan en claro que ser gay no es ningún problema, el impacto podría ser profundo: menos adolescentes abusados, menos jóvenes que llevan dobles vidas llenas de estrés y de dolor.

McClatchy, de 49 años, dijo que esto tuvo un impacto negativo. “Pienso que yo era más paranoico, eso es seguro, con respecto a la gente”, dijo. “Y suspicaz, definitivamente. Y colérico”. Sus relaciones románticas serias con hombres fueron pocas, y tensas, hasta que dejó los deportes, y su compañero por los últimos cuatro años, Jack Basilone, quien vive con él, me dijo que McClatchy sigue siendo reservado y cauteloso.

“El es como cuando uno va a Pottery Barn y compra el modelo que está de muestra, y que está todo lleno de muescas y arañazos”, bromeó Basilone, de 31 años. Para su satisfacción tienen a Rick Santorum, el ex senador de Pennsylvania. Los presentó alguien que trabajaba para Santorum y a quien McClatchy había conocido de sus relaciones profesionales, cuando era dueño de los Piratas, con la oficina de Santorum en el Senado.

Un pequeño número de atletas retirados de las cuatro grandes ligas profesionales han salido del clóset, lo mismo que algunas prominentes jugadoras.

Y cada vez más jugadores heterosexuales en los deportes principales afirman que no tendrían problema con tener un compañero de equipo gay.

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