La reciente huelga de hambre de 30 opositores cubanos que exigían la excarcelación de un preso político que cumplió su condena originó nuevamente el debate sobre la validez de una medida contestataria que se repite con más frecuencia y pone en riesgo la salud de figuras de la oposición que podrían ser vitales en un proceso de transición democrática.
Los huelguistas que demandaban la libertad de Jorge Vázquez Chaviano abandonaron su protesta después que el gobierno cubano se comprometió a solucionar el caso del disidente preso.
La demanda colectiva atrajo la atención internacional y la solidaridad de la mayor parte del exilio y organizaciones que abogan por los derechos humanos.
Pero así como surgieron voces de aliento y compromiso, la crisis generó también la preocupación de un sector que ve en la falta de garantías un arma contraproducente para el futuro de la disidencia interna.
Aunque estoy satisfecha con este desarrollo, también estoy preocupada que, en el futuro, las huelgas de hambre puedan matar a los líderes de una Cuba libre, dijo la congresista republicana Ros-Lehtinen, presidenta del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes.
Los ayunos generalmente se prolongan durante varios días. Incluso pueden causar la muerte por la ausencia de medicamentos y atención especializada. Dos huelguistas, Orlando Zapata Tamayo y Wilman Villar, murieron trágicamente debido a la falta de respuesta e interés de las autoridades cubanas. La comunidad internacional reaccionó con una lluvia de condenas.
Zapata murió el 23 de febrero del 2010 en la prisión de Kilo 7, en la provincia de Camagüey. Su deceso, al cabo de 85 días en que se le prohibió tomar agua, provocó una ola de repulsa sin precedentes contra el gobierno de Raúl Castro. Fue interpretado internacionalmente como un ejemplo del trato ofrecido a la oposición pacífica.
De origen humilde y de 42 años, Zapata fue condenado en el 2003 durante la jornada represiva conocida como la Primavera Negra, una ola de persecuciones y arrestos masivos contra la disidencia.
Villar falleció en enero al cabo de una penosa agonía y ayuno de 50 días. Cuando ya era demasiado tarde y su salud no respondía, fue trasladado de emergencia al Hospital Juan Bruno Zayas, en Santiago de Cuba. Había contraído una pulmonía tras ser lanzado a una celda de castigo con una constante temperatura helada.
Los ayunos surgen al calor de una nueva ola de arrestos arbitrarios, vigilancia policial casi personalizada y protestas violentas de fuerzas progubernamentales contra las voces opositoras. El ambiente hostil transcurre en medio del consentimiento de las autoridades.
La fragilidad y carencia de libertades han generado, a la vez, actos desesperados e inconsistentes. Algunos presos políticos y disidentes se han declarado en ayuno con cierta ligereza de ideas y convicciones, abandonando la medida de fuerza en horas o un par de días.
Guillermo Fariñas, Premio Sajarov del Parlamento Europeo 2010 y protagonista de 24 ayunos prolongados de alimentos sólidos, dijo que el inicio de una huelga de hambre obliga a tomar conciencia de las consecuencias que esta pueda arrastrar.






























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