Sur de la Florida

¿Me quiere o no me quiere? ¿Qué dirá la margarita?

 

Especial para El Nuevo Herald

Mi pregunta es si, siendo yo ciudadana americana, ¿puedo pedir a un sobrino que tengo residiendo en República Dominicana? Mi sobrino es médico cardiólogo de 41 años. El es cubano y reside en R. Dominicana hace 4 años. El además está casado con una ciudadana americana hace 2 años.

Ellos tienen relaciones buenas. Ella le ha dicho a él que hace un año y medio lo pidió. El no tiene ninguna prueba de eso y desconfiamos que ella, en realidad, haya hecho esa reclamación. Por favor, ¿cómo podemos saber la verdad? ¿Cuánto demora una reclamación de esposa? ¿Cuánto demora una reclamación de tía?

Gracias por adelantado, que Dios le bendiga por su ayuda.

Ismari R., Hialeah, Florida

El “sobrinazgo” (invento esta palabreja porque no sé que exista otra para describir la relación de tío a sobrino) es un parentesco de variada fuerza según la cultura familiar de cada país en particular, pero en EEUU no hace parte del cuadro de familia contemplado por las leyes de inmigración. Hay veces en que cobra realidad práctica, como cuando yo, ciudadano, reclamo a un hermano, petición que incluye, de manera derivada, a sus niños (entendido este vocablo como sus hijos solteros y menores de 21 años de edad). Pero hasta ahí...

En términos culturales generales, aun la relación con los hijos suele cambiar y casi desvanecerse cuando estos cumplen sus 18 años de edad, edad que estos suelen esperar con ansia porque tanto ellos mismos así como los padres sienten que se desconectan de la autoridad paterna. I am eighteen!, exclama ó piensa el jovenzuelo, y sueña que se acabaron las ataduras disciplinarias con papá y mamá. Este fenómeno cultural (yo diría, “incultural”) disgrega la familia y el envalentonado muchacho ó muchacha emprende el camino de su nueva vida de “adulto” cargado de inexperiencia y, por lo tanto, propenso a tropezarse con las piedras de la vida y, a veces (¡demasiadas!, da tristeza...) estrellándose contra las rocas del fracaso ó hasta de la cárcel, ó peor.

No ocurre así entre los asiáticos, en general, y menos aun entre los chinos, en particular, donde el respeto por la edad avanzada hace que los ancianos sean los más amados y respetados del planeta. Este rasgo filosófico, quizás, responde aunque sea en parte, al progresivo decaer de Occidente y al consiguiente surgir ó resurgir de la China milenaria que, hoy por hoy, y seguramente mañana, está cobrando la fuerza y la importancia que vemos en su economía, su ciencia, y su desarrollo, tendientes a eclipsar progresivamente los logros sociales y del pensamiento de que tanto nos envanecemos en nuestro, por demás, bello país...

Pero, ¡mucha letra y poca respuesta a sus amables preguntas!

Aunque usted, aparte de amarlo, es poco ó nada que pueda hacer por su sobrino a título de tal, la esposa estadounidense que también está en el cuadro, ¡puede hacerlo t odo! Como interpreto su carta, ella afirma que ya hizo la petición por él, pero como ha transcurrido un año y medio sin resultados visibles, él --y usted—dudan de su buena fe. Estas conclusiones se contradicen un poco con su mención de que “ellos tienen relaciones buenas” (???!). En general, una reclamación conyugal por un ciudadano toma muy poco tiempo, ni está sujeta a turnos ni colas, pero sin más detalles de fechas y números, ni usted ni yo podemos llegar a conclusiones definitivas. El caso, hasta donde yo lo percibo, se ve brumoso. Brota de su carta una posible madeja procedimental, no se habla siquiera de la gestión de un abogado, ni tengo más datos para llegar a una conclusión. Las peticiones de ciudadano(a) por esposo(a) son de “familiar inmediato”, no sujetas a espera alguna (!). Claro está que esto presupone que la esposa lo quiera pedir. Si hay dudas acerca de esa intención, , no existe manera de obligarla a ella a hacer esa petición... si es que no la ha hecho.

Vuélvame a escribir con todos los detalles que pueda obtener y con mucho gusto investigaré la situación hasta donde pueda. Mientras tanto, sólo me queda... ¡desearles lo mejor!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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