En una esquina de La Pequeña Habana, un gran letrero en el techo invita a El Globo Beauty Salon, un espacio amoblado con alineados tocadores donde los secadores de pelo no paran de sonar y los olores a tinte y esmalte de uñas se mezclan con el murmullo de la clientela de que llega en busca de su blower, su manicura o su depilación de la semana, entre otros servicios.
En una libreta, Juanita Lorenzo anota los clientes por orden de llegada. Un día pueden llegar 20, otro día 60 y a veces llegan hasta 100, según sus anotaciones diarias.
Aquí no hay citas, la gente llega y espera su turno, explicó de su sistema de atención, que se inicia a las 7 a.m. y puede concluir a las 8 o 9 p.m.
Porque desde que empezó a crecer su negocio, Juanita, como la llaman familiarmente sus clientes y empleados, llegó a la conclusión que quería hacer de El Globo la versión de un MacDonalds, pero traducido al negocio de la peluquería.
Servicio rápido a precios económicos, destacó Lorenzo, quien cuenta con un equipo de 15 a 24 empleados, según la época del año.
Muchos de ellos han querido replicar su éxito y, en algunas ocasiones, según contó, le han renunciado en bandada para irse a probar suerte.
En estas ocasiones yo le he pedido a Dios: Dales millones, pero que no me quites mi clientela , anotó con sencillez, Lorenzo, de 83 años, quien a diario está al frente de su negocio con una energía juvenil.
Así han pasado 32 años, en la misma esquina donde empezó en un pequeño local, que con el paso del tiempo ha ampliado varias veces.
Lorenzo llegó en 1980 a Miami, de Sancti Spíritus, Cuba, y empezó a trabajar como empleada en el oficio que mejor conocía: la peluquería.
Lo aprendí desde que tenía 17 años, cuando me hice experta en permanentes, de esas que se hacían con corriente en los años 50, recordó.
En Miami, Lorenzo revalidó su licencia de peluquería en La Belle Beauty School, con 200 horas de estudio intensivo.
No tenía mucho dinero, pero quería abrir su propio negocio. Un día paseando por el vecindario descubrió El Globo, una pequeña peluquería que había quebrado y estaba cerrada.
Me rentaron el local con todo el equipo por $600 al mes y $60 de depósito. El día que vinieron a instalarme un gran espejo no pensaba abrir, pero me llegó la primera clienta para una permanente, luego la gente siguió llegando y a todos los atendí; cerré a las 11 p.m. No me gustaba el nombre del salón, pero así se quedó, contó.
Para muchos de sus clientes, ella ha sido como una catedral de la belleza.
Ella es un ejemplo de trabajo y tesón, destacó María del Carmen Mayoral, agente de bienes raíces, quien, desde hace varios años, asiste dos veces a la semana.
En algunas ocasiones, se une a la rutina de belleza su hija Catalina de 16 años, además de sus dos hijos, de 17 y 15 años, quienes se cortan el pelo con Leo, el barbero.
Por aquí han pasado generaciones y un arco iris de clientes de todos los estratos económicos. Recuerdo, incluso, cuando el año pasado me traje un gran grupo de compañeros de escuela de mi hijo en St. Hugh para arreglarse para el Prom, unas niñas se peinaron y los muchachos se cortaron el pelo, contó divertida Mayoral.
Algunas clientas comentan que por allí pasa mucha gente reconocida de la ciudad y entre ellas mencionan a la periodista Bernardette Pardo.
Lo mejor del salón para Mayoral es el buen servicio a buen precio. Una manicura francesa, por ejemplo, cuesta $8 y un secado de pelo $25.
Hacemos todo tipo de peinados, desde los bucles preferidos de algunas niñas cubano americanas, los estilos modernos y hasta las permanentes que ya sólo piden mujeres mayores, enumeró Lorenzo, quien ocasionalmente cuenta con la ayuda de sus nietas, Amanda, de 23 años, y Joanna de 18.
Juanita es de una jovialidad increíble, siempre lo motiva a uno a hacerse lo más moderno, exclama Elisa Jimeno, otra asidua clienta.
Por eso, El Globo sólo cierra cuatro días al año: Viernes Santo, Navidad, 4 de Julio y Año Nuevo. Abre además los domingos.
Siempre hay una boda, un Prom, una celebración de 15 años o, simplemente, una mujer vanidosa que quiere su pelo y sus uñas perfectas, sin que se afecte mucho su billetera.
El Globo está ubicado en 459 SW 17 Avenue, Miami.





























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