Roque recuerda esos días con una mezcla de nostalgia y arrepentimiento.
Confesó que ahora está solo en Cuba y que extraña a sus familiares en Estados Unidos.
Allí tengo a mis tres hermanos, mis tíos y mis primos. Tuve una relación magnífica con ellos mientras estuve allí.
Alejandro Roque, de 48 años, dice que no ha tenido contacto con su hermano mayor desde 1996. Y agrega que incluso entonces no concordaba con las ideas de su hermano.
La situación mundial es compleja y con frecuencia los ideólogos no distinguen entre los gobiernos y los pueblos los bandidos y las víctimas, indicó Alejandro Roque.
Al preguntársele si tenía algo de qué arrepentirse, Juan Pablo Roque dijo que quisiera haber hecho más por impedir el derribo de las avionetas.
Quizás ahora yo trataría de tener un papel mucho más fuerte en las cosas que sucedieron, comentó. Trataría de jugar un mejor papel. Si mi papel fue bueno o malo, hay que dejar que la gente decida. Que los que me quieran juzgar me juzguen.
Roque sigue convencido de que Cuba tenía el derecho a defenderse de las organizaciones exiliadas en la Florida. Un salvadoreño, que dijo que exiliados cubanos le pagaron para colocar bombas en Cuba, cumple una condena de 30 años por un atentado en el que murió un turista italiano en La Habana en 1997. Roque opina que los exiliados estaban decididos a provocar en Cuba un caos que justificara una intervención militar de Estados Unidos.
Todavía hay grupos que quieren una confrontación, que quieren sangre. Quieren tres, cuatro, cinco días para matar, declaró Roque.
Antiguos miembros de Hermanos al Rescate reconocen que ocasionalmente dejaban caer panfletos políticos sobre La Habana, pero dijeron que su principal misión era humanitaria. A principios de los años 1990 realizaron cientos de misiones sobre el Estrecho de la Florida y detectaron a más de 17,000 balseros cubanos, ayudando así a salvar vidas. Alegan que Roque mintió sobre el grupo al FBI, presentándolo como un grupo extremista interesado en realizar actividades de sabotajes en la isla.
No conozco a nadie, a ninguno que volara en las misiones de Hermanos al Rescate, que tuviera en su alma otra razón que no fuera salvar vidas, dijo Matt Lawrence, el autor del libro. El señor Roque y el resto son espías, y mienten como espías que son.
Roque quiere que Estados Unidos y Cuba cesen las hostilidades y normalicen las relaciones. Sueña con ver a pilotos de combate de Estados Unidos, Cuba, Vietnam y Rusia reunirse para compartir ideas.
Espero que ese momento llegue y que podamos sentarnos a una mesa a fumarnos la pipa de la paz, aseguró. Bueno, yo no fumo, pero la tendré en la mano. Con placer, con mucho placer lo haré.
Sin dinero y desesperado
Ana Margarita Martínez no cree una palabra, y no podría ser de otra manera. Como parte de su elaborado disfraz, Roque se casó con ella en 1995, sólo para abandonarla con sus dos hijos menos de un año después.
Si usted busca la definición de un sociópata, lo describe muy bien, declaró Martínez. El pensó que iba a ser alguien en Cuba, y no es nadie. Probó la libertad en Estados Unidos y ahora no tiene ninguna. Ni siquiera puede decir que siente un temor real de repercusiones. Le vendió su alma al diablo y ahora está pagando un alto precio. Le tengo pena.





























Mi Yahoo