Pero Van Hare, quien es uno de los autores del libro sobre Roque, no comparte esa pena. Un agente de inteligencia que queda al descubierto y se le identifica públicamente, esencialmente se queda sin trabajo. No lo siento por él. Escogió su camino en la vida y no hay duda de que conocía absolutamente cómo se retiran los agentes de inteligencia en Cuba y lo poco que reciben como resultado.
Roque reconoce que ajustarse a la vida en Cuba desde su retiro forzado a los 40 años ha sido muy, muy brutal. Considera el tiempo que pasó en la Florida sus mejores cuatro años como profesional. Y de repente, como dicen los pilotos, todos los motores de apagaron.
Me hubiera gustado continuar volando. Me hubiera gustado tener un trabajo vinculado con lo que he aprendido. Pero bueno, no fue así.
Hubiera podido ser peor. Roque hubiese podido terminar en prisión en Estados Unidos.
Pensé en eso varias veces, dijo. Lo único que me salvó espiritualmente fue no estaba haciendo nada malo.
Le sorprendió el nivel de agresividad con que las autoridades estadounidenses persiguieron a otros miembros de la Red Avispa.
Pensé que los iban a soltar rápidamente, que los iban a subir a un avión hacia Cuba.
El líder de la red, Gerardo Hernández, fue condenado a dos cadenas perpetuas. Eso fue groseramente injusto, subrayó Roque, porque Hernández ni siquiera se acercó a ninguna de las organizaciones del exilio. Gerardo no estaba absolutamente en nada. No participó en nada, en nada.
Roque está libre, pero no enteramente contento. Dijo que echa de menos el estilo de vida de Estados Unidos: la disciplina, el amor al trabajo.
Yo hice muchos trabajos. Asfalté calles, trabajé con afroamericanos. Yo les caía muy bien. Cada vez que me preguntaban de dónde era, les decía que era cubano. Entonces me preguntaba si eso estaba cerca de Alaska. Pero sentí mucha solidaridad con ellos.
Asfaltamos calles a las 10 de la noche. Trabajamos toda la noche. Era un trabajo muy duro.
Las cuadrillas de trabajo no son tan disciplinadas en Cuba, donde los obreros colocan el asfalto a las 10 de la mañana, al mediodía. Un camión lo aplasta, y otro más. El trabajo es muy chapucero.
Roque dio que trabajó duro en Estados Unidos, pero uno ve los resultados y eso me gustó mucho.
Desempleado ahora, Roque consideró que lee lo más que puede sobre ciencia, aviación y el cosmos. Hace ejercicios con regularidad y prefiere el levantamiento de pesas y las barras paralelas, un régimen que aprendió en la Unión Soviética.
Dio que si tuviera que irse nadando otra vez a la Base Naval de Guantánamo unos 6 kilómetros, o 3.7 millas no lo dudaría.
No exagero si le digo que puedo hacerlo ahora sin ningún problema. Me encanta nadar.
Roque declinó revelar el precio de la casa de dos pisos y tres habitaciones que está vendiendo. La casa era de sus padres y tiene un jardín trasero lleno de plantas tropicales y frutales.
El Rolex del antiguo espía es un GMT Master II, un modelo diseñado para pilotos con ayuda de Pan Am Airways en los años 1950.
Lo tenía puesto todo el tiempo, afirmó su ex esposa en Miami. Nunca entendí cómo pudo comprarse un Rolex. Después me di cuenta que lo compró con el dinero que el FBI le pagó como informante.
Un GMT Master II usado se vende en $4,500 y más en eBay, pero Roque espera que le den más en una subasta.
Creo que algún coleccionista americano estaría interesado en comprarlo. Alguien a quien le guste James Bond.
El Florida Center for Investigative Reporting es una organización sin fines de lucro apoyada por contribuciones de fundaciones e individuos. Para más información, visite fcir.org.





























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