A poco más de un mes para la votación general, la carrera por el Distrito 26 para el Congreso federal, que va desde Kendall hasta Cayo Hueso, tomó mayor impulso con eventos de recaudación y llamados de los candidatos para que sus simpatizantes acudan masivamente a las urnas el próximo 6 de noviembre.
En el Distrito 26 se enfrentan el representante David Rivera y el candidato demócrata Joe García. Recientemente dos encuestas por separado, una republicana y otra demócrata, hallaron que García marcha a la cabeza en las intenciones de voto. El margen es de 9 puntos porcentuales en el sondeo demócrata y de 10 puntos en el estudio republicano.
Los resultados coinciden también con los cambios demográficos y el perfil de los nuevos votantes hispanos, muchos de ellos con tendencia a declararse independientes, sin filiaciones políticas o demócratas.
El crecimiento ha sido particularmente grande entre los votantes hispanos no cubanos quienes, a su vez, tienen otras prioridades y expectativas que los electores tradicionales. La reestructuración de los mapas políticos se realiza cada década y sigue un patrón específico sobre los resultados del último Censo.
De los mapas propuestos y aprobados por Tallahasse, el Distrito 26 es quizá uno de los más sensibles.
El nuevo mapa congresual le dio a Rivera un margen de 4,000 votos republicanos. En las pasadas elecciones presidenciales los votantes del antiguo Distrito 25 apoyaron por estrecho margen a John McCain sobre Barack Obama. En la contienda por la gobernación del estado de Florida ocurrió algo similar: Rick Scott ganó por un porcentaje limitado sobre la candidatura de la demócrata Alex Sink.
En ese contexto, las expectativas de los candidatos por asegurar el favoritismo de los electores en cada rincón del distrito se refuerzan cada vez más para evitar sorpresas y asegurar la victoria. A medida que los tiempos se acortan para el día de la votación, la polémica parece estar a la orden del día en la pugna por el Distrito 26.
Rivera, por ejemplo, acusó a García de favorecer a una empresa local para que ésta se hiciera de un jugoso contrato con fondos del Departamento de Energía.
El legislador republicano afirmó que García movió sus influencias cuando ocupaba el cargo de Director de la Oficina de Impacto Económico de Minorías del Departamento de Energía (DE) para ayudar a CSA, una empresa especializada en proyectos de energía, transporte y telecomunicaciones, entre otros.
Sin embargo, la portavoz del Departamento de Energía, Niketa Kumar, le dijo a El Nuevo Herald que nunca se adjudicaron contractos a CSA con fondos directos de esa oficina de gobierno.
Rivera también cuestionó que CSA contratara a García como su vicepresidente de la Oficina de Desarrollo de Negocios. García pasó a las filas de esa empresa privada cuando ya no tenía vínculos con el Departamento de Energía.
García trabajó con CSA aproximadamente un año y medio. Durante ese periodo su salario acumulado fue $187,000.
El candidato demócrata rechazó los cuestionamientos de Rivera, quien busca la reelección.
La alegación es completamente falsa, tal como se ha comprobado, sostuvo García en declaraciones a El Nuevo Herald.





























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