Tan atroz fue el asesinato, tan abrumadora la evidencia, que la decisión a la que el jurado llegó el viernes pareció inevitable: Joel Lebrón tiene que morir.
Los jurados de Miami-Dade recomendaron, en una votación de 9 a 3, que Lebrón debe ser ejecutado por el secuestro, la violación, y ejecución de Ana María Ángel, estudiante de último año de la escuela South Miami High que aspiraba a ser maestra.
Lebrón, de 34 años, fue uno de los cinco hombres de Orlando que secuestraron a Ángel y a su novio en el 2002 mientras la pareja terminaba un paseo por South Beach a la luz de la luna. Cuatro hombres han sido ya convictos en este caso. El último acusado, Héctor Caraballo, está esperando juicio.
La madre de Ángel, Margarita Osorio, dijo a los reporteros que estaba satisfecha con el veredicto del jurado, pero que sabía que la saga legal estaba lejos de haber terminado.
Tenemos que seguir luchando. Hay un juicio más, dijo.
El jurado del caso de Lebrón deliberó dos horas el viernes para decidir si recomendarían ejecución en vez de cadena perpetua.
El juez de circuito de Miami-Dade William Thomas dictará sentencia en fecha posterior, y los jueces pocas veces se desvían de la recomendación del jurado.
Lo brutal del crimen dejó atónitos a todos en el sur de la Florida.
En abril del 2002, Ángel y su novio Nelson Portobanco habían ido a cenar para celebrar sus cuatro meses de noviazgo. Luego, se pusieron a caminar por la arena en South Beach, donde los secuestraron y les robaron.
Lebrón y los demás hombres violaron a Ángel en la parte trasera de su camión, y luego degollaron a Portobanco y lo dejaron por muerto junto a la Interestatal 95 en el condado Broward. El sobrevivió y alertó a la policía.
Junto a la interestatal en el condado Palm Beach, Lebrón y otro hombre llevaron a Ángel por la cuneta hasta unos arbustos junto a una barrera acústica. Lebrón disparó a Ángel en la parte posterior de la cabeza mientras ella rogaba por su vida, con las manos unidas en oración.
El caso en contra de Lebrón estaba perfectamente fundamentado. Los investigadores rastrearon una llamada telefónica hecha por uno de los hombres a una dirección de Orlando, donde encontraron las pertenencias robadas a la pareja.
Lebrón confesó a los investigadores hasta los más escalofriantes detalles. Sus botas estaban además salpicadas de sangre de Portobanco, y su DNA correspondió a semen encontrado dentro de la víctima.
El crimen fue tan impresionante que, después de su arresto, Lebrón tuvo que ser separado de otros presos que amenazaban con matarlo.
En mociones anteriores al juicio, la fiscalía estatal afirmó que Lebrón trató de hacer matar a un testigo y que también amenazó con matar a un fiscal. Durante el juicio, la fiscalía añadió a un agente adicional de seguridad que se sentara detrás de ellos todo el tiempo.
El primer juicio contra Lebrón el año pasado terminó siendo anulado luego que un detective mencionó que uno de los otros acusados había sido convicto, una cuestión prejudicial que no debían saber los jurados. La semana pasada, otro jurado deliberó poco más de una hora antes de hallarlo culpable de asesinato de primer grado, agresión sexual y otros delitos de mayor cuantía.






























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