Caracas -- Los venezolanos se encontraban inmersos el sábado en una tensa jornada de reflexión, un día antes de acudir masivamente a las urnas de una histórica elección que podría sellar el destino del polarizado país petrolero.
Unos 19 millones de electores están registrados para votar y deberán decidir si extienden a 20 años el mandato del presidente Hugo Chávez para que profundice su Revolución Bolivariana o si ya es hora de que Venezuela transite por otros rumbos bajo un gobierno del opositor Henrique Capriles.
Hasta el momento, las encuestas se encuentran divididas con algunas de ellas mostrando que Chávez está adelante por un cómodo margen y otras otorgando a su rival una estrecha ventaja.
Los comicios están ensombrecidos por el fantasma de la violencia, en medio de las recurrentes advertencias, emitidas por el propio Chávez, de que la oposición planea desconocer los resultados y las sostenidas acusaciones de que grupos armados vinculados al chavismo tienen previsto salir a la calle el domingo.
No obstante, los venezolanos parecían estar dispuestos a salir masivamente a los centros de votación.
Esto ya está en manos del pueblo, declaró Jesús Alberto Carranza, un trabajador social de 47 años que reside en la popular zona de Caracas del 23 de enero. Va a haber colas para votar temprano. Aquí hasta el gato va a salir.
La calma reinaba el sábado en Caracas, con un escaso tráfico de vehículos que constituían un bienvenido cambio frente a la congestión y frenética actividad de días anteriores.
Ausentes también de las calles se encontraba la música electoral, que era transmitida a todo volumen para irritación de muchos durante gran parte de la campaña.
Algunas de las personas consultadas en las calles se mostraban renuentes a declarar por quién se disponían a votar. Carranza era uno de ellos y admitió que las elecciones eran importantes porque hay gente que quiere cambiar el proceso político, sin llegar a decir que él se encontraba entre ellos.
Otros de los que declinó revelar sus preferencias en el 23 de enero era el vendedor de lotería Gualberto Suárez, de 62 años, quien sólo se atrevió a admitir que esa zona ya no es tan chavistas como eran antes.
Hay gente aquí que alardean y dicen que van a votar por Chávez pero la verdad es otra, sostuvo.
El temor a la violencia se mantenía fresca en la mente de Suárez, quien advirtió sobre la posibilidad de que Venezuela entre en una situación de conflicto porque Chávez levanta un fanatismo entre mucha gente.
Chávez llegó a acumular una gran popularidad dentro del país petrolero, con promesas de inclusión y emprendiendo abundante programas sociales que buscaban favorecer a las personas de menos recursos.
Pero sus adversarios advierten que los principales problemas del país la inseguridad personal, el déficit de viviendas, la inflación y el desempleo en realidad se agravaron durante su gestión y que ahora, después de 14 años de gobierno, parte considerable de su base tradicional de seguidores han dejado de creer en sus promesas.





























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