Estimado abogado y periodista Manfred Rosenow, le escribo esta carta donde trato de explicarle mi problema. Leo casi todos sus artículos en El Nuevo Herald y me llamó la atención como usted, con sus grandes conocimientos y buen humor, da respuestas a las cartas que le escriben y, por tanto, me decidí a escribirle con la buena fe y esperanza de obtener una respuesta a mi caso.
Llegué de Cuba en el 2003 con mi esposa e hija, entrando por la frontera de México. Al llegar a este país, todo fue muy bello e impresionante, pero al mismo tiempo muy difícil para nosotros, no teníamos familia, no sabíamos inglés, y yo me enfermé y no podía trabajar. La situación se puso dura y entonces cometí el error de mi vida: meterme en la droga, en este caso marihuana.
El 22 de febrero del 2005 me cogen una carga de marihuana con más de 25 libras. En la casa estaba solamente yo y no había armas de fuego. Me declaré culpable, ya que mi abogado me había dicho que no tenía un buen caso y negoció con el juez; nunca me explicó las consecuencias que me traería con Inmigración. Cumplí 3 meses de prisión, 6 meses de la casa al trabajo, y 2 años de probatoria, todo sin ningún problema y todos los gastos de corte fueron pagados. En julio del 2005 me llegó la última antorcha para las huellas y mi residencia, la cual me negaron debido a la felonía.
A partir de ahí no conozco nada de mi caso, no tengo carta de deportación, e Inmigración nunca me citó, pero no tengo residencia, no tengo permiso de trabajo, y mi licencia de conducir esta vencida y no puedo renovarla. Como podrá usted ver, mi situación es bien difícil, tengo 57 años y tengo menos que cuando llegué, se que cometí un grave error, pero tengo la esperanza de obtener un perdón, óo ver qué otra solución existe, y quiero que usted me guíe.
Este grave error me costó todo, ya han pasado casi 10 años y no tengoningún problema. ¿Qué puedo hacer?
“Angel”, Miami
En la vida de los humanos, desde el Adán de la Biblia para acá, existen los desaciertos, los pecados, y los errores, y por muy “ángel” que usted sea de nombre, usted –y yo mismo—compartimos esa suerte, sin escapatoria posible alguna.
Yo le voy a contestar su amable (y bienvenida) carta sin rodeos ni paliativos. Si usted fuera costarricense, colombiano, panameño, ó de cualquiera otra nacionalidad suramericana ó caribeña, ó, para completar la idea, si fuera alemán, francés, español, etc., ó africano de Egipto, Zanzíbar, Ruanda, ó cualquier otro país, ¡todo lo que fuera excepto ser cubano convicto de posesión ó de negocio de 25 libras de marihuana!, usted desde hace varios años estaría deportado y expulsado del país. Pero, usted... ¡es cubano! Y por esa única razón (!), usted todavía está, sigue, y seguirá aquí. Entiendo perfectamente que usted se sienta incómodo por la expiración y falta de documentos de trabajo, pero usted está obligado a escoger: Usted (ojalá con un buen abogado) puede comparecer ante Inmigración y gestionar un permiso de trabajo --un (c-18)-- renovable cada pocos meses, pero de esta manera quedará obligado a presentaciones periódicas y anotado (junto a miles de cubanos más) para su deportación tan pronto como Fidel/Raúl Castro desaparezcan (ya los dos tienen edad para dejar de molestar en poco tiempo a los cubanos y al mundo...), ó, segunda opción, usted tiene la opción de evadir esta alternativa simplemente quedándose callado y sin persecución en el estado en que está.... ¡Una decisión que sólo usted mismo puede sopesar y tomar!
La “felonía” ( felony) que usted en mala hora cometió, no se borra para poder lograr la residencia (¿quizás por petición de su esposa ó hija si ellas son, ó cuando se hagan, ciudadanas de EEUU?), más que a los 20 años del delito de drogas en que usted se enredó. Piénselo bien, y si me necesita profesionalmente, no dude en buscarme. ¡Le deseo lo mejor!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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