Sr. Rosenow, leyendo su artículo en El Nuevo Herald titulado “¿Dejar de hacerlo porque es imposible? ¡Noooo!” publicado el 10 de junio del presente año, me motivó a que le hiciera esta carta, donde le solicito, de ser posible, me orientara.
Vivo en Miami donde soy residente legal, pero fui declarada con cáncer de mama en el mes de abril. En estos momentos me encuentro bajo un tratamiento de quimioterapia hasta la operación a finales de año. Mi pregunta es, ¿cómo pudiera tener a mi hijo al lado en ese momento, ya que soy sola? El salió de Cuba en el 2008 hacia España donde vive, trabaja, y es residente legal. El caso es que debe viajar a este país con pasaporte cubano, lo que le impidió que le dieran la visa de entrada cuando la solicitó en el mes de abril.
Quisiera, estimado señor, si hubiese una solución, desde el punto de vista migratorio para estos casos de enfermedad, me orientara. Saludos y todo mi respeto,
Sara Herrera, Miami
Dispénseme usted, estimada señora Sara, si comienzo a responder a su apreciada carta, al margen de lo preguntado con una nota previa de admiración. Mi reacción se conforma a su cartita que es un monumento de perfección en términos de concisión, idioma, sintaxis, y estilo. Es como valorar una pintura, por demás estéticamente deslumbrante, por el marco de finísima calidad en que viene encuadrada...
Ya querría yo responderle con el mismo grado de positivismo a su consulta, pero se impone, por encima de lo estético y bello, lo auténtico y realista. Y es con esa limitación práctica que, con profundo pesar y simpatía, debo comenzar por decirle que temo mucho que la solución a que usted merecidamente aspira, no sea, a mi primera vista, tan fácil y expedita. ¿Por qué? Por causa de una paradoja de medio siglo de existencia: la nacionalidad cubana goza de las máximas facilidades para que los cubanos que huyen de la mortificación castrista, encuentren a su llegada a EEUU el camino singular y despejado para su asentamiento definitivo en este país – la ley del “año y un día” tras de su ingreso legal al país, corona otorgándoles residencia legal permanente, sin gestión particular alguna por parte de familiares especificados ni por empleadores calificados, como de resto es universal.
¿Dónde está el quid de la cosa en el caso de su hijo? Como ya lo dije arriba, en el calificativo de “cubanos que huyen” de la mortificación castrista. Ese cubano --así lo razona la ley estadounidense-- no es el que ya está fuera de Cuba, el que ya huyó y logró que otro país lo acogiera y, como en el caso de su hijo, ya le confirió residencia, trabajo, un modus vivendi, vale decir, el que ya “resolvió” y con ello, aunque fue ó pudo haber sido un perseguido en la isla, hoy día ya no lo es...
Otra cosa fuera que su hijo ya se hubiera hecho ciudadano de cualquiera otra nación que tuviera el privilegio –33 países, incluida España, lo tienen – de que sus nacionales pueden entrar a EEUU limitadamente como “turistas”. A ese efecto, la ley de inmigración de EEUU no mira hacia la nacionalidad con que el individuo nació, sino al pasaporte que refleja su nacionalidad adquirida. Es así como un nacionalizado en Suecia, en España, ó en cualquiera de los 33 países de la lista, aunque naciera en Bayamo, en Holguín, ó en cualquier otro punto de la geografía cubana, llega a EEUU y lo admiten (por 90 días estrictos) con su nuevo pasaporte, evade la salida del país, y como (1) su nacimiento cubano es vitalicio e imborrable, y (2) “entró legalmente” a EEUU, al año y un día se presenta a Inmigración, y su cubanía original se impone a su falta de salida obligatoria. Resultado: un nuevo residente legal y, si se lo propone, años después, un nuevo ciudadano naturalizado de este país.
Por esa razón el consulado de EEUU en España le negó la visa de “visitante” a su hijo. Y por eso, su pasaporte cubano es una traba, no una solución. Venga a verme para revisar toda la situación, porque de lo que me escribió no surge una solución.
La espero con el mayor deseo de ayudarla...
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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