En una tarde calurosa del verano madrileño en un café se han dado cita un renombrado columnista Miguel (José Sacristán ) y Angela (María Valverde), una joven estudiante que pretende entrevistarlo. El escritor la lleva al estudio de un ausente amigo pintor, con el obvio propósito de seducirla y Angela acepta la invitación con actitud no tan inocente.
Cuando ella se queja del calor y pide permiso para darse una ducha, entra al cuarto de baño y él la sigue, no sin antes despojarse de la ropa. Así están, desnudos, cuando la puerta se cierra de golpe, se traba y, por más fuerza que ambos hacen, no logran abrirla. Piden ayuda a gritos, pero nadie acude en el edificio aparentemente vacío de fin de semana.
La situación de No Exit a lo Jean-Paul Sartre le ofrece al guionista/director David Trueba oportunidad de coreografiar una danza de seducción intelectual, con verbal escaramuza en la batalla de los sexos. Los cuerpos desnudos se rozan involuntariamente en el reducido espacio, pero más peligro hay en como los instintos desincorporados se frotan, regalándose y negándose al mismo tiempo.
Madrid 1987 brinda un placer casi radial, porque las voces de Sacristán y Valverde expresan todo lo que la estricta censura ibérica no permite observar. El actor se ve obligado a acrobáticas maromas con una toalla para ocultar los
prohibidos genitales.
Hay implícito contrasentido entre la franqueza que David Trueba impone en sus diálogos y la actitud pudibunda que al camarógrafo le imponen. Con solo dos personajes en dramaturgia claustrofóbica, Trueba maneja a los actores de mano maestra, para crear suspense sicológico en que la mente va en cueros.
No miente el final cuando sugiere que nunca jamás volverán a verse. Angela y Miguel han sintetizado una vida entera en 93 minutos. •




























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