Al disidente de La Habana Julio Aleaga se le concedió un minuto para decir a su asamblea de barrio por qué él quería ser candidato en las elecciones del domingo, la primera de varias votaciones que llevarán a la esperada reelección del gobernante cubano Raúl Castro alrededor de febrero.
Otro candidato, el teniente coronel Juan Carlos Zayas del Ministerio del Interior, no se presentó a la asamblea del 23 de septiembre, dijo Aleaga. Pero Zayas ganó la nominación con 40 de los 60 votos. Los votos en contra de Zayas ni siquiera se contaron.
La Habana pinta su sistema electoral como una democracia de base, aunque solamente existe un solo partido, el Partido Comunista. No se permiten las campañas, jamás se ha aceptado a un disidente como candidato y ningún legislador nacional ha dado nunca un voto negativo.
Los cubanos dicen que hay mucho más interés en las elecciones presidenciales de EEUU del 6 de noviembre que en el predecible voto del domingo, y que la asistencia a los consejos de vecinos que seleccionaron la primera ronda de candidatos fue como promedio de un tercio de los participantes elegibles.
No veo el más mínimo interés en eso de las elecciones porque la gente sabe que eso al final no va a cambiar nada, dijo Mario Félix Lleonart, pastor protestante de la provincia central de Santa Clara que critica con regularidad al gobierno.
Subrayando la profundidad del descontento, un grupo de socialdemócratas que respaldan al gobierno en muchos temas han llegado a urgir a los votantes a que escriban una D en sus boletas para exigir votación directa a la presidencia y la aceptación de los pactos internacionales de derechos humanos.
Los que son elegidos a las asambleas municipales tienen poco poder para cambiar nada, declaró uno de los principales miembros del grupo, Pedro Campos, un miembro bien conocido del Partido Comunista, historiador y ex diplomático.
Se espera que más del 90 por ciento de los 8 millones de votantes de la isla escojan el domingo entre los 30,000 candidatos a las 168 asambleas municipales. Algunos de los ganadores serán seleccionados más adelante para las legislaturas provinciales, y luego para la Asamblea Nacional del Poder Popular, probablemente en una ronda final de votaciones en febrero.
La Asamblea selecciona entonces los Consejos de Estado y de Ministros, los órganos permanentes de la legislatura y el gobierno, y a su presidente, el cargo supremo del país. Castro fue elegido a esos puestos en el 2008 y la mayoría espera que será elegido a un segundo término de cinco años.
Castro propuso durante una reunión del Partido Comunista en el 2011 que se limite todos los altos cargos a dos términos de cinco años, pero no está del todo claro si su término del 2008 contaría, o incluso si la propuesta se puso en vigor.
Los cubanos no esperan ninguna sorpresa, escribió el corresponsal de la British Broadcasting Corp. en La Habana, Fernando Ravsberg. Ellos están convencidos de que Raúl Castro será reelegido y que casi todos los (delegados) serán militantes del Partido Comunista.
Los candidatos oficiales ganan por lo general más del 90 por ciento de los votos. Pero analistas han notado un número creciente de boletas dejadas en blanco o anuladas en las elecciones recientes, y disidentes han reportado algunos pequeños incidentes en relación con las preparaciones para la votación del domingo.


























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