Hace dos años, Debbie Cabrera y sus seguidoras, todas vestidas de rosado, caminaron en el Susan G. Komen Race for the Cure en Miami. Llevaba un letrero que decía: Mi último día de quimio es el jueves.
Seis meses antes, Cabrera, madre soltera que en aquel momento tenía 47 años de edad y recién comenzaba un trabajo como gerente de programa de mercadeo, recibió una llamada de su radiólogo. Estaba a punto de comenzar una reunión estratégica con su directora. Salió del salón de conferencias para contestar la llamada.
Usted tiene cáncer.
Después del impacto inicial tomó la decisión de que iba a luchar.
Miré al cielo y dije, Oye, si Tú me salvas me aseguraré de que todo el mundo sepa de que fuiste tú, relató.
Su oncólogo, el doctor Stefan Gluck, de la Universidad de Miami, le ofreció varias opciones de tratamiento, desde una más suave y arriesgada hasta una muy difícil y profunda. Cabrera dijo que deseaba lo más fuerte que la ciencia le podía ofrecer. Su médico le advirtió que sería duro.
Te va a ganar, le dijo.
No me va a ganar. Me va a sanar, le respondió.
El tratamiento para cáncer de seno ha avanzado enormemente en las pasadas dos décadas, impulsado por la urgencia de las sobrevivientes y sus familiares por encontrar una cura. Una de cada ocho mujeres en los Estados Unidos será diagnosticada con cáncer de seno durante su vida. Cada 13 minutos muere una paciente de cáncer.
Un estudio publicado el mes pasado por The Cancer Genome Atlas, que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud, ha identificado las mutaciones genéticas que causan el cáncer de seno, lo que significa nuevas opciones de tratamiento dirigidas a la nueva generación de pacientes de cáncer de seno.
Con pruebas clínicas para desarrollar las drogas apropiadas, la esperanza es que no mueran más personas de cáncer de seno.
Charles Perou, principal autor del estudio del mes pasado, recibió apoyo económico de subvenciones de Komen para su investigación sobre cáncer de seno en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill. Para este proyecto, los investigadores examinaron los perfiles genéticos de 825 muestras de tejido de pacientes de cáncer de seno. Una de las instituciones que contribuyó fue el banco de tejido del Centro Comprensivo de Cáncer Sylvester, de la Escuela de Medicina Miller, en la Universidad de Miami.
Al clarificar la distinción genética entre cuatro tipos de tumores de mama, el estudio de Perou ayudará a los investigadores a explorar las posibles curas de forma más estratégica. Los científicos ya conocían los cuatro tipos de cáncer de seno, pero ahora han identificado las mutaciones precisas de DNA que causan que la producción de proteínas en las células se salga de control y se vuelva mortal.
La doctora Carmen Gómez, directora del banco de tejido de la Universidad de Miami y una de las autoras del estudio, indicó que los hallazgos serán especialmente importantes para mujeres con un tipo de cáncer: los tumores basaloide que afectan mayormente a mujeres de afrodescendientes. También conocido como triple negativo, el cáncer basaloide es el único tipo para el que no hay terapia dirigida, sólo quimio.






























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