Durante dos horas, el joven Eric Pérez lloró, gritó, dio golpes en la pared de su celda e insistió en que oía voces.
Pero el carcelero Terence Davis estaba convencido de que el muchacho estaba fingiendo.
Davis, según un informe estatal dado a conocer el viernes, dijo a un colega que no valía la pena hacer el papeleo para enviar a Pérez a un hospital.
En una escena sobrecogedoramente similar a la de la muerte de un adolescente en el centro de detención de Miami casi una década antes, guardias, supervisores y el superintendente del centro de detención juvenil de West Palm Beach no hicieron nada durante horas mientras Pérez moría lentamente a causa de una hemorragia cerebral.
La muerte de Pérez el 10 de julio del 2011 envió ondas de choque a través de todo el problemático sistema de justicia juvenil de la Florida: aunque los administradores del mismo se habían comprometido años antes a tratar a cada menor como si fuera nuestro propio hijo, la negligencia del personal del centro de detención cobró la vida del joven.
El último día de Pérez quien cumplió los 18 en detención e iba a ser puesto en libertad pronto es detallado en un informe de 48 páginas, con fecha del 16 de octubre, del inspector general del Departamento de Justicia Juvenil (DJJ). El informe fue dado a conocer el sábado por la mañana. La muerte del adolescente provocó el despido de nueve empleados del centro de detención, entre ellos el superintendente.
Estamos haciendo limpieza, comentó el portavoz del DJJ C.J. Drake, y seguiremos haciendo limpieza.
La secretaria del DJJ Wansley Walters publicó un comunicado el viernes por la mañana: En nombre del Departamento de Justicia Juvenil de la Florida y de todos aquellos a quienes servimos, quiero expresar en primer lugar lo mucho que sigo lamentando la muerte de Eric Pérez, quien estaba al cuidado de nuestra agencia el 10 de julio del 2011. Pienso en Eric todos los días. Sigo viendo su rostro todos los días. Su muerte continúa siendo un recuerdo muy doloroso para esta agencia. Mientras espero que la familia de Eric haya cerrado este capítulo, seguiremos, con él en mente, mejorando lo que hacemos cada día.
Añadió: Quiero hacer énfasis en que el DJJ no tolerará conductas que pongan en peligro a los muchachos, a nuestros empleados o al público. Estamos comprometidos a operar un sistema de justicia juvenil seguro, y tomaremos medidas firmes y decisivas contra todos aquellos que no se comprometan a eso con nosotros.
El informe enumeró una serie de fallas del personal del centro de detención, incluyendo la decisión de la enfermera Marcia Clough de no examinar al muchacho cuando vino a trabajar la mañana que murió Pérez; los actos de dos guardias que se dedicaron a cateos y juegos inapropiados con varios detenidos; y los de dos guardias que no siguieron los procedimientos establecidos del centro de detención para emergencias médicas.
Tras la muerte de Pérez, según Walters, el DJJ tomó varias medidas:
• La agencia envió órdenes a través de múltiples canales a todos los empleados del DJJ reiterando la directiva de llamar inmediatamente al 911 cuando una situación parezca ser de urgencia, o si existe alguna preocupación por la salud de un muchacho que no pueda ser resuelta por el personal médico in situ.





























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