Opinión

SABINA COVO: Colombia: ¿el primer paso a la igualdad?

 
 

Familiares de secuestrados por las FARC llevan a cabo una manifestación en la plaza Bolívar, en Bogotá, el 14 de octubre, tres días antes del inicio del diálogo entre el gobierno colombiano y la guerrilla.
Familiares de secuestrados por las FARC llevan a cabo una manifestación en la plaza Bolívar, en Bogotá, el 14 de octubre, tres días antes del inicio del diálogo entre el gobierno colombiano y la guerrilla.
GUILLERMO LEGARIA / AFP/Getty Images

La gran mayoría de los colombianos queremos el fin del conflicto armado. De una manera u otra hemos vivido en carne propia por los pasados años el terror de la violencia detrás de una supuesta ideología falsa. A los colombianos la violencia nos ha tocado de cerca, más de cerca que probablemente a cualquier otro pueblo latinoamericano en las pasadas décadas. No tenemos solamente la guerrilla más antigua del continente sino además una que ha tenido la suerte macabra de financiarse con el narcotráfico y de esa manera ser duradera. Una catástrofe para cualquier pueblo. Sin el narcotráfico probablemente no existirían.

El gobierno de Colombia, bajo la presidencia de Alvaro Uribe, estuvo a punto de acabar con las células más importantes de las FARC y el ELN. Para los que desconocen las matanzas de la guerrilla o del dolor del secuestro, o la incertidumbre de vivir sin saber si habrá una explosión o una invasión rural, les basta hablar con un colombiano para obtener una narración adecuada de lo que es vivir entre el terror.

No más guerra, secuestros, violaciones, asesinatos, robos de niños, robos de tierras, abusos de civiles, doctrinas ilusas y mentiras. No más FARC.

Esta semana empezó de manera oficial la negociación entre el gobierno y esa narcoguerrilla y la expectativa crece. Hay que mirarlo con sumo escepticismo pero con un escepticismo que no carezca de esperanza. ¿Será este el primer paso a una Colombia menos desigual?

Sentí dolor de estómago y náuseas al ver sentados vestidos de saco a las afueras de Oslo, en libertad, a los que a tanta gente privaron de la suya. Hubiera preferido verlos tras las rejas pagando por sus crímenes de lesa humanidad y por las vidas que ha cobrado el narcotráfico del grupo. Esa sensación empeoró cuando comenzaron a exigir sus ideales arbitrarios y a posesionarse como víctimas del gobierno colombiano, que si bien está muy lejos de la perfección, ha sido un gobierno democrático.

Esta pasada semana por momentos se sintieron vientos de Caguán, esa negociación fallida bajo la administración del ex presidente Andrés Pastrana que fracasó y dejó a las FARC rearmadas (por el beneficio de la zona de despeje) y vivita y coleando. Al escuchar a la guerrilla en una tónica parecida la esperanza se apagó por un momento. Pero luego el gobierno colombiano contestó. Y contestó bien. Este viernes mismo una ofensiva del gobierno cobró la vida de guerrilleros de uno de los frentes más importantes, lo que quiere decir que no habrá un desarme sin un verdadero acuerdo de paz.

Hay diferencias fundamentales entre el colapso del proceso del Caguán y las conversaciones que se llevarán a cabo en La Habana. La guerrilla viene de recibir los más duros golpes en sus operaciones y cabecillas, está sufriendo mucho y está segregada por bloques, que a veces no logran ni siquiera comunicarse dentro de la selva colombiana. El proceso de conversaciones se está llevando a cabo en suelo internacional. No hay despeje de territorio nacional. Los militares siguen con la ofensiva, y la inteligencia continúa funcionando para controlar la violencia en el país. El gobierno de Colombia además ha sido claro en que estas conversaciones son reversibles.

El pueblo colombiano quiere paz pero también quiere justicia para las víctimas. De darse la paz hay muchas preguntas: ¿entrarán las FARC al panorama político del país, pagarán por crímenes considerados de lesa humanidad a nivel internacional, entregarán la información confidencial que manejan del narcotráfico? Estas y otras preguntas siguen en la mesa. Entretanto el gobierno de Colombia no ha bajado la guardia, pero tampoco lo ha hecho la guerrilla. La guerra sigue mientras se habla de paz y el corazón de muchos colombianos se encuentra en manos del presidente Juan Manuel Santos y de su decisión de hablar de paz con la guerrilla.

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