Por su condición de autista, a Christopher González le cuesta adaptarse hasta a los pequeños cambios de rutina.
Esto es lo que más preocupó a su madre Sarah Flores cuando hace unos días encontró un anuncio de desalojo en la puerta del pequeño apartamento que alquilan en Miami.
Tras perder su trabajo recientemente en un restaurante, la madre soltera no ha podido pagar la renta de $950 por los últimos dos meses. De no adelantar un pago el lunes, Flores y sus tres hijos adolescentes tendrán que desalojar la vivienda ese mismo día.
Estoy desesperada porque cada transición para Christopher es un trauma, dijo Flores desde la humilde vivienda en un edificio sobre la 2da Avenida, al noroeste de la ciudad. Imagínate quedarnos sin casa, no sabría ni cómo explicárselo.
La mujer de origen puertorriqueño y nacida en Nueva York, ha solicitado ayuda a agencias gubernamentales pero hasta ahora no ha recibido ningún apoyo, según contó.
En su desesperación, Flores decidió acudir al periódico y solicitar ayuda de la comunidad.
En un momento como este hay que tragarse el orgullo, dijo. No quiero que mis hijos se queden sin techo.
Camillus House, una organización sin fines de lucro que ayuda a los desamparados, ofreció encargarse de una parte de la deuda de unos $3,300 si Flores logra reunir $1,155 pero ella sólo cuenta con $500.
Flores contó que ha enviado innumerables solicitudes de empleo pero hasta ahora no ha tenido suerte.
Lo que más quiero es un trabajo y llamo donde quiera que veo un anuncio, declaró. Tengo experiencia en ventas y mercadeo pero también he limpiado casas y trabajado en restaurantes.
Aunque para Flores permanecer por un tiempo en un albergue no sería un problema, le preocupa la reacción de su hijo autista.
Se pone nervioso con el ruido y en ambientes poco familiares, contó. Y ya he llamado a varios albergues y me dicen que están llenos.
La familia ha vivido en el mismo apartamento de dos cuartos por casi dos años. Flores dice que le conviene vivir allí porque así Christopher, de 17 años, puede asistir a Coral Gables High School, donde tienen clases de educación especial. Además, recientemente la escuela secundaria empezó a enviar transporte para recoger a Christopher, luego de que Flores solicitara ese servicio por dos años. Antes la mujer salía a las 5:45 a.m. para tomar dos autobuses y llegar a las 7 a.m. a la escuela a dejar a su hijo.
Tiene una muy buena maestra que sabe buscarle la vuelta, y se ha adaptado muy bien, dijo. Y ya por fin lo vienen a buscar hasta la casa.
Christopher, quien se gradúa de la escuela secundaria en mayo, es un estudiante de honor al que le apasiona pintar.
Si tuvieran que desalojar el apartamento, cargarían con varias cajas llenas de los dibujos y pinturas del joven autista. Pero él aun no se ha enterado de una posible mudanza.
Temo su reacción, dijo Flores. Además, ni siquiera sé para donde iríamos.





























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