Soy un asiduo lector de sus acertadas respuestas a cuantos tratan de lograr el milagro de convertirse en residentes ó ciudadanos de este gran país. Afortunadamente, tanto mi esposa como yo, ya lo somos, pero –siempre hay un pero-nuestra felicidad no es completa porque nos falta nuestro último hijo, de 27 años, que un buen día decidió irse a casar a Canarias y allá está desde hace 3 años o algo más.
Soy criminólogo y en mi país, Venezuela, fui subdirector de la DISIP, que es la policía nacional encargada de los delitos políticos. Al arribar al poder el comandante Hugo Chávez, pensando en mi familia más que en mí, me vine a EEUU en donde estoy hace ya 13 años. Una hija mía, ciudadana americana, al cumplir su mayoría de edad, nos reclamó pero mi hijo que tenía 12 años y entró a este país antes de cumplir los 16, quedó fuera del paquete y permaneció acá durante 5 años de manera ilegal. En ese tiempo se casó, su esposa lo reclamó, y nosotros tramitamos ante Inmigración todo lo que era tramitable, con tan mala suerte que las respuestas favorables (Antorchas aprobadas) llegaron después que él se divorciara acá y se fuera a casar a España. Durante su estadía en EEUU, nunca tuvo ningún tipo de problemas legales, aprobó el high school y además, se graduó en Ingeniería de Sonido en un instituto internacional. Nunca estuvo en proceso de deportación y salió por su propia voluntad.
En problema es que ahora, casado, quiere regresar, y nosotros, que ya estamos viejos y solos acá, ansiamos tenerlo de nuevo a nuestro lado, y por eso quisiera que usted con su sapiencia legal y humana, nos diga cuáles son las posibilidades de reclamarlo, ahora que su madre y yo somos ciudadanos de este país. A pesar de mis limitaciones económicas (y mis 76 primaveras) quisiera contactarlo personalmente y ver qué es lo que en verdad se puede hacer.
José Atahualpa M.
Weston, Florida
Ya querría yo que mi respuesta a su amable carta fuera simple y positiva, y que de ello se desprendiera su satisfacción como padre, igual que me ocurre a mí cuando puedo contribuir a que cualquiera de mis hijos resuelva el problema que lo aqueja como porción de ese intrincado tejido que es la vida. Pero cierto es también que no basta el amor y la buena disposición de ayudar, cuando uno desafía las leyes de inmigración y cualesquiera otras de este gran país, del cual usted y yo mismo, aunque no nacimos aquí, nos hicimos ciudadanos como una coronación legal de nuestra admiración y respeto por una nación que, quitándole todo lo malo (como dice el chiste de Winston Chuchill)... ¡es la mejor del mundo!
A lo concreto. No veo en la situación descrita en su carta, una solución Rápida para la re-inmigración de su hijo. ¿Qué más privilegio que tener uno padre y madre ciudadanos de EEUU? Lo malo, en este caso, son las colas (ó filas) que forman los millares de extranjeros en situación similar, ¡que tienen la misma aspiración! La petición de un ciudadano por su hijo casado es de “3ra. Preferencia”, cuya cola en este momento va por junio del 2002 (!) y cuyo avance es irregularmente lento. La petición suya por su hijo casado (que usted ha debido presentar al día siguiente a la naturalización suya) bien podría tomar 10 años ó más, y también, improbablemente, algo menos. Si el hijo mayor de 21 años y soltero (“1ra. Preferencia”), aun así su cola apenas iría por noviembre del 2005 -- asimismo a impredecibles años de su validez Sólo los niños (y el cónyuge) del ciudadano son “familiares inmediatos”, no sujetos a cola ó espera alguna. Pero ése no es el mundo de usted...
Su hijo tampoco tiene, según su carta, una formación académica alta (una maestría ó un doctorado) que lo eximiera de largas colas en categorías laborales. Sólo le queda participar en la anual Lotería de Visas (alrededor de 50,000 de ellas), de la cual, con su nacimiento venezolano (que presumo yo), no está excluido de tomar parte. Pero el ganar la misma es un acto de Dios...
Con agrado lo espero en mi oficina, si lo tiene a bien, ¡y gracias por su carta!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132



























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