BEIRUT -- El Ejército libanés logró el martes restaurar la calma en la mayoría de las regiones del país, aunque la situación continúa tensa en la ciudad septentrional de Trípoli y se mantiene el pulso político entre el gobierno y la oposición.
Los militares desplegaron unidades móviles y fijas, apoyadas por tanques, y establecieron controles en las principales arterias de Beirut, con el objetivo de evitar nuevos estallidos de violencia entre las diferentes comunidades.
Una relativa tranquilidad prevalece en la capital, aunque algunos medios de comunicación libaneses informaron que se escucharon disparos durante el funeral de un palestino fallecido ayer en un choque con los soldados.
Los disturbios se extendieron por el país después del asesinato en un atentado con carro bomba del jefe de la Inteligencia libanesa, Wasim al Hasan, el pasado viernes, pero la intervención el lunes del ejército consiguió amainar los ánimos.
La situación es más grave en Trípoli, donde persiste la inestabilidad, con disparos esporádicos de francotiradores en algunos de los barrios escenario de enfrentamientos, los últimos del conflicto que mantienen los partidarios y los detractores del régimen sirio en esta ciudad.
Los choques entre los vecinos de los barrios de Bab al Tebaneh, de mayoría sunita, y los de Yabal Mohsen, de predominio alauita (corriente chiita), al igual que el presidente sirio, Bashar al Asad, prosiguieron hasta bien entrada la noche, aunque cesaron el martes en la mañana.
Al menos dos personas resultaron heridas en Trípoli por los disparos de francotiradores en los ejes que comunican estos barrios, según la Agencia Nacional de Noticias (ANN).
























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