El despido de Ozzie Guillén como mánager de los Marlins no fue sorpresa. Se esperaba que Jeffrey Loria tomara esa decisión.
Ahora vendrá un nuevo estratega que se le exigirá ser más cuidadoso y realizar un trabajo armónico dentro del equipo.
De acuerdo a varias fuentes, los Marlins realizaron la primera conversación anoche con Mike Redmond. Y si ambas partes llegan a un acuerdo, el anuncio podría hacerse al terminar la Serie Mundial.
Sabemos que si la matemática hubiera funcionado el venezolano seguiría dirigiendo al equipo en el 2013. Pero la aritmética no funcionó y Guillén pagó las consecuencias.
Conocemos que Guillén tuvo su responsabilidad, pero no fue el único culpable de la debacle del equipo. Existieron otros factores que hicieron posible ese desastre.
Comencemos por los errores de Guillén. Como estratega, el venezolano tuvo sus aciertos y desaciertos como los tiene cualquier otro piloto. El principal error de Guillén fue que desde el principio se convirtió en un elemento de discordia.
Para que un equipo de béisbol funcione en busca de la victoria sus integrantes deben trabajar con un estilo parecido a los miembros de una orquesta musical: armónicamente.
La pelota es un deporte colectivo donde en muchas ocasiones un equipo superior no es el que gana un campeonato, triunfa aquel que mejor actúe en el terreno de juego y el que realiza un buen trabajo colectivo para que sus peloteros jueguen inspirados.
Esa química es responsabilidad del mánager. Y aquí falló Guillén. Primero insultó con sus declaraciones políticas a una parte de la comunidad de Miami y el equipo se quedó huérfano de un verdadero liderazgo. Luego habló mal públicamente de algunos de sus jugadores, ofendió a varios periodistas y constantemente alardeaba con arranques de ira contra cualquier persona que se atreviera a poner en evidencia su trabajo. El venezolano habló muchas otras cosas negativas que lo sepultaron como mánager de los Marlins.
Guillén se convirtió en una espina clavada en el corazón de una franquicia que aspira a grandes sueños beisboleros. Por sus problemas de cáracter ya era un obstáculo para iniciar una transición positiva.
Los restantes problemas que llevaron el colosal fracaso de los peces fueron: 1-el equipo tenía posibilidades de avanzar a los playoffs, pero contaba con algunas lagunas, entre ellas: un receptor que batea menos que lo que pesa, un jardinero central improvisado y un sólo bateador en Giancarlo Stanton con verdadera capacidad para impulsar carreras. Y si no se traen carreras hacia el plato no se ganan juegos. 2- Hanley Ramirez no rindió lo que de él se esperaba y tuvo que ser cambiado a los Dodgers de Los Angeles. 3- El cerrador Heath Bell fue otro fracaso en el terreno de juego.
Pero ahora que se fueron Guillén y Bell. ¿Qué va a suceder?
Séamos sinceros. La novena debe ser reforzada. Hay que traer al menos a otro bateador que impulse carreras, es necesario otro receptor, un jardinero central, una tercera base y reforzar el pitcheo. Y si no es posible lograr todos estos ajustes en corto tiempo, al menos es necesario realizar algunos que mejoren al equipo.
En caso de no reforzarse los puntos más débiles, puedo asegurar lo siguiente: “Aunque salga Casey Stengel de la tumba para dirigir a los Marlins, la posibilidad de avanzar a la postemporada en el 2013 será remota.



























Mi Yahoo